TrumpVirus y la evidente caída del imperio yanki

     Mientras la opinión pública está enfocada en la actual pandemia, Trump pone precio a la cabeza de Maduro por 15 millones de dólares, acusándolo de terrorista y ubicando a Venezuela en la lista negra de los enemigos de su administración compartiendo espacio con Corea del Norte, Irán, Sudán y Siria. Desde Estados Unidos se asegura que Maduro es un criminal de la humanidad, que está envuelto en el negocio de la droga y por ello se permite aumentar las sanciones contra el gobierno venezolano. 

     Aunque el 92% de la cocaína incautada en el país norteamericano viene directamente desde Colombia, según el informe de la DEA 2016-2017 es este último el mayor aliado geopolítico de los gringos con respecto al control de la región nuestroamericana dada su ubicación geoestratégica en el continente.

     Cabe mencionar que lo anterior, se da en el marco de un pésimo manejo de la crisis sanitaria en EEUU, según el recuento de Reuters la cifra de fallecidos en el país supera las 40.000 personas lo que pone en una mala posición al actual mandatario estadounidense, quien además negó una cuarentena total por considerarla innecesaria. 

     En este sentido, Trump quiso comprar las patentes de las vacunas que se estaban generando por parte del gobierno Alemán y privatizarlas; respecto de lo anterior, el político alemán y profesor de economía de la salud y epidemiología en la Universidad de Colonia, Karl Lauterbach dijo que “la venta exclusiva de una posible vacuna a los Estados Unidos debe evitarse por todos los medios. El capitalismo tiene límite.”

     Sumado a ello, una conjugación de hechos sacudió a la economía mundial. Los precios del petróleo cayeron un 30%, el mayor desplome desde la Guerra del Golfo en 1991, todo esto producto de la crisis sanitaria que ha hecho que la demanda del combustible baje considerablemente. Junto a lo anterior, se anunció la desintegración de la OPEP+, que pone fin a un proceso de estabilización de los costos del petróleo por los países productores, comenzando de esta manera la “Guerra de precios”. 

     Tras ello, Arabia Saudita, el mayor productor del combustible en el mundo, anuncia una subida de este en un 7%. Este panorama ha hecho que los principales organismos internacionales y los bancos de inversión adviertan que el crecimiento global y regional será mucho menor que lo previsto antes del brote epidémico.

     Además, la guerra chino-estadounidense está desatada y el mal manejo económico por parte de Trump, bajo el lema “América primero” no solo destruirá la relación, sino que además perjudicará a otros países y como efecto colateral está haciendo cada vez más potente al país oriental. Es importante señalar para el caso, que China fue un país poderoso mucho antes de que existieran los gringos por lo cual podemos considerar que el país asiático hoy solo está recuperando el terreno perdido.

     Esta suma de hechos pone a EE. UU. en una posición bastante incómoda económicamente por lo que necesita tener acceso directo al petróleo, una de las mayores fuentes de riqueza en el mundo y que casualmente posee Venezuela, además de otros productos que le vendrían bien a la desestabilizada economía gringa.

     Con una coyuntura marcada por la pre-candidatura de Trump para optar por la reelección, esta ocupación de la frontera debe mirarse no como lo que dicen sería “una guerra contra el narcotráfico” sino como lo que realmente es: un nuevo intento de apropiación, despojo y saqueo de medios naturales ajenos, que son única y exclusivamente propiedad del pueblo soberano de Venezuela y de nadie más.  

     Respecto de lo anterior, la Unión Europea considera que Maduro es un “dictador” y reconoce al diputado títere del imperio yanki, Juan Guaidó como “presidente legítimo”, por lo que cualquier acción estadounidense estaría internacionalmente justificada.

     Ante esto el llamado debe ser fuerte y claro: solidaridad con el país hermano de Venezuela. Rechazamos al imperialismo. Rechazamos la intervención gringa. Hoy Nuestra América debe estar más unida que nunca.

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