Rosalind Elsie Franklin Frances

Mujer, científica que con su trabajo luchó contra el machismo, su vida quedará presente en todas nosotras.

Época y contexto histórico

Décadas antes de que Rosalind Franklin llegara a este mundo, las mujeres en Inglaterra y el mundo venían luchando por sus derechos y disputando espacios públicos y de opinión que solo estaban dispuestos para hombres. Desde el siglo XIX se comienza a construir el concepto de “mujeres nuevas”, una concepción distinta del significado de ser mujer, opuesto a la mirada de la mujer como “ángel del hogar” y de la que en un par de décadas más adelante Rosalind también se acercará esta mirada distinta y nueva de ser mujer.

Respecto al término mujer nueva y de la que muchas mujeres se sintieron parte desde fines del siglo XIX en adelante, se caracterizaban por ser mujeres que buscaban salir del estereotipo femenino de “ángeles del hogar”, sometidas a la crianza, al hogar y al hombre. Dentro de su lucha se encontraba el derecho a decidir y opinar sin el sometimiento del hombre; decidir sobre su propio cuerpo, ser madre o no serlo; derecho a estudiar y desarrollarse intelectualmente, entre muchos otros.

 Dentro de los logros las mujeres fueron consiguiendo en su lucha histórica contra la sociedad machista, se destacan derecho a sufragio a mujeres mayores de 30 años (mientras que hombres desde los 21 años de edad) en 1918, y la posibilidad de ingreso a universidades, en las que hubo dificultades, ya que no podían optar al título universitario, nada más que a un certificado de estudios. No fue hasta finales del XIX y comienzos del siglo XX que comenzaron a otorgarse títulos universitarios para mujeres siendo las prestigiosas universidades de Oxford (1922) y Cambridge (1947) en ser una de las últimas en conceder este título.

 Familia y primeros años de escuela

Rosalind Elsie Franklin nació el 25 de julio de 1920 en Londres, segunda de cinco hermanes, tres hombres y 2 mujeres, su familia era judía, llevaban cuatro generaciones dedicada a la banca.

Su madre era Muriel Frances Waley (1894-1976) venía de una familia judía religiosa y filantrópica donde algunos de sus miembros destacaron como profesores, intelectuales y parlamentarios. Su padre Ellis Arthur Franklin (1894-1964), un banquero mercante que daba cátedra en el Workings Men’s College. Sus hermanos eran David (1919), el hermano mayor; Colin (1923), Roland (1926) y Jenifer (1929) eran sus hermanos y hermana menores. Su familia le brindó la mejor educación  a ella y sus hermanes, por ello Rosalind estuvo en colegios particulares y “prestigiosos” durante su educación primaria y secundaria.

Desde su infancia tuvo afán por la ciencia, inspirada principalmente por otra mujer, la nutricionista británica Elsie Widdowson y de la científica austríaca Lisa Meitner. También sus cercanos relatan su inteligencia desde pequeña junto a que se destacaba en distintas  asignaturas, incluyendo deportes.

Sus primeros estudios los realizó en Norland place, una escuela mixta. Posteriormente, en la escuela Lindores (solo de mujeres) de Sussex. A los once años estuvo en el St. Paul Girls School, también escuela para  mujeres, en donde dentro del programa se enseñaban idiomas como latín, alemán y francés, además de deportes, matemáticas, física y química. Fue en este lugar que profundizó su interés por la ciencia.

Universidad

A los 18 años ingresa a la Universidad de Cambridge para estudiar ciencias experimentales. En un inicio sin el apoyo de su padre que se negaba a aceptar  que su hija por el hecho de ser mujer decidiera dedicarse a las ciencias. A pesar de eso Rosalind ingresó a la universidad y cursó física y química en el Newnham College. En aquel lugar conoció al espectroscopista William Charles Price (1909-1993), que después se convertiría en uno de sus colaboradores en el King’s College. El último año de carrera Rosalind conoció a Adrienne Weill, una refugiada francesa que había sido alumna de Marie Curie y que logró ejercer sobre ella una gran influencia aparte de  ayudarle con el francés.

Desde la llegada de Hitler al poder ayudó a los refugiados alemanes que huyeron a Gran Bretaña. La guerra le sorprendió en Noruega. Volvió con dificultades a Inglaterra y logró terminar sus estudios en 1941 aunque por esa época la Universidad de Cambridge no otorgaba el grado de “licenciado” a las mujeres; lo haría a partir de 1947.

Luego consigue una beca para iniciar su tesis doctoral pero un año después, en 1942 y en plena Guerra Mundial, pasa a la Asociación para la Utilización del Carbón y con sus investigaciones ayuda al esfuerzo de guerra. Hizo un trabajo importante en sus estudios sobre el carbón lo que le permitió, al acabar la guerra y en 1946, defender su tesis doctoral.

Finalizado el periodo de guerra, en 1947 marchó a París como becaria postdoctoral al Laboratoire Central des Services Chimiques de l’Etat / Laboratorio Central de Servicios Químicos del Estado) invitada por Jacques Mering (1904-1973). Allí perfeccionó sus técnicas de cristalografía. Era un grupo de investigación muy activo, a la última, dinámico y, sobre todo, abierto a las mujeres, a diferencia del anquilosado y masculino entorno que conocía en Inglaterra. Allí, en París, aprendió la técnica de difracción de Rayos X en la que se convertiría en una experta a nivel mundial y aplicaría, pocos años más tarde, a la molécula del ADN.

A su regreso a Inglaterra en 1951  Rosalind recibió la beca Turner and Newall para un periodo de tres años para trabajar en el King’s College, de la Universidad de Londres. Allí, John Randall, el director del departamento, le encarga el estudio de la estructura del ADN.

Instituto y conflictos

En el King’s College, queda encargada del estudio de la estructura del ADN. Allí, en aquel instituto comienzan los primeros conflictos, comenzando por el ambiente machista que abundaba en el instituto. Las mujeres eran respetadas, pero no más que los hombres y jamás tendrían su mismos status, tal es el caso que las mujeres no tenían permitido ingresar a la sala de profesores.

La investigación de Rosalind se centró en la difracción de rayos x para estudiar la molécula del ADN, donde obtuvo grandes resultados, junto al estudiante de doctorado Raymond Gosling, con una precisión que nadie había conseguido antes, destacándose la famosa “foto 51” .

Anterior a la aparición de dicha foto, Franklin y Gosling en noviembre de 1951, realizaron una charla para presentar sus resultados. Aquel día entre el público se encontraban Watson y Crick, quienes también en ese entonces estudiaban la molécula de ADN. Desde esa charla, mostraron particular interés en la investigación de Rosalind y en sus resultados.

En el departamento de investigación que trabaja Rosalind, también formaba parte  Maurice Wilkins, eran compañeros, sin embargo nunca lograron llevarse bien. Ambos estaban encargados de estudiar la estructura del ADN, pero su enemistad nunca les permitió generar un trabajo colaborativo, así que investigaban de forma separada. Fue en el año 1952 que Rosalind obtiene una imagen nítida y precisa en la que se lograba interpretar la estructura helicoidal del ADN. Esta imagen es la conocida “fotografía 51”. La que guardó junto a otros archivos en un cajón y posteriormente Wilkins sacó sin su consentimiento.

¿Qué hizo con esta fotografía Wilkins? En 1953 les muestra esta fotografía, y entre otras informaciones, a James Watson y Francis Crick, quienes también estudiaban la estructura del ADN. Sorprendidos con la claridad que ofrecía la imagen, reconocen que en ella estaba la clave para concluir sus investigaciones. Sin preguntar a Rosalind, sin vergüenza alguna y pesar de conciencia deciden utilizar esa información importante reunida por ella para complementar sus investigaciones.  

En ese mismo año Watson y Crick, publicaron en la revista Nature su investigación sobre el ADN, también lo hacen Wilkins y Wilson, y Franklin y Gosling, sobre el mismo tema. En la publicación de Rosalind y Gosling, habían sustentado su investigación en el modelo de Watson y Crick, sin saber que esta pareja poco honrada había tomado sus archivos. Se dice que Rosalind y Gosling habían llegado a los mismos resultados ,sin embargo, para la comunidad científica el que llamó verdaderamente la atención fue el de Watson y Crick supuestamente por su redacción y claridad.

Años más tarde, en el libro “La doble hélice”, crónica muy personal del descubrimiento de la estructura del ADN, James Watson escribió sobre ella que “el mejor lugar para una feminista era el laboratorio de otra persona.”

Cansada ya de la situación, de las discusiones con Watson, Crick, Wilkins y del ambiente hostil  del King’s College, decide irse al  Birbeck College. 

En el Birbeck College, John Desmond Bernal, deja a Rosalind encargada de la estructura general de virus que contenían ácido ribonucleico. Junto a su equipo obtienen grandes resultados, realizando 17 publicaciones sobre su investigación. Allí destacó por dirigir bien a su equipo, tener buena comunicación y ser querida por elles. Desmitificando toda mala reputación de ser una persona conflictiva que Watson, Crick y Wilkins se encargaron de construir con sus dichos sobre ella.

En sus últimos años de vida se destacó por ser una experta en trabajar con estructuras moleculares helicoidales en su época, siendo reconocida a nivel mundial. De hecho, si no hubiese sido porque falleció muy joven en 1958, producto de un cáncer producido por las constantes exposiciones a la radiación, Rosalind habría tenido la oportunidad de recibir un premio Nobel en 1982 de Química, por sus trabajos en cristalografía. Sin embargo, ese año lo recibió su compañero de investigación Aaron Klug, quién quedó a cargo del departamento y continuo con los estudios pendientes que dejó Rosalind Franklin tras su muerte.

Esta es la historia de una mujer que fue mitificada como una mujer conflictiva, desagradable, hostil y de poco atractivo, por hombres machistas, dominantes y  envidiosos de las fortalezas e inteligencia de una mujer como Rosalind. Intentaron destruir su carácter con cada dicho peyorativo y cargado de odio hacia ella. Robaron sus resultados, los esfuerzos y dedicación en sus investigaciones y las hicieron propias. No bastó con solo robar, sino que recibieron premios y palabras de agradecimiento de las cuales no dieron ni un solo crédito a Rosalind.

Pero hoy recordamos sus nombres James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins,  que quedaron en la historia como “hombres memorables de la ciencia”, hoy los recordamos como todo lo contrario; recordamos su violencia, su machismo y su falsedad. 

Volvemos a contar la historia, para reivindicar los esfuerzos, la dedicación y la entrega apasionada de una gran mujer al mundo de la ciencia, en una época en que ser mujer y ser científica no se piensa, no se sueña y no se anhela. Esta fue su gran lucha.

 

Bibliografía utilizada

https://web.uchile.cl/vignette/cyberhumanitatis/CDA/vida_sub_simple3/0,1250,PRID%253D16316%2526SCID%253D16318%2526ISID%253D577,00.html

https://www.historiadelamedicina.org/franklin.html

https://mujeresconciencia.com/2014/05/09/el-caso-de-rosalind-franklin/

https://mujeresbacanas.com/rosalind-franklin-1920-1958-la-quimica-y/ 

https://www.bbc.com/mundo/noticias-44225714 

http://formacionib.org/noticias/?Sobre-Rosalind-Franklin-y-sus-investigaciones-posteriores-a-la-del-ADN

 

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