Resistencia y autodefensa del pueblo mapuche: la violencia política como herramienta de lucha

El proceso de fundación de la modernidad capitalista, así como de los Estado – nación que le acompañan en tanto institucionalidad política de la naciente burguesía, no pudo ser posible sin la “conquista de américa” y la expansión del sistema – mundo moderno, en su esfera económica, político – administrativa e ideológica, pues las diversas cosmovisiones que acompañan a las culturas indígenas existentes en esta parte del globo, constituían en sí mismas, una representación distinta al proceso de hegemonía y homogeneidad que se comienza a configurar a partir de 1492.

El recorrido histórico de instalación capitalista en Nuestramérica[1], no fue un “encuentro de dos mundos” como relata la historia y cultura oficial dominante, sino más bien fue un ejercicio práctico de violencia política, por sobre los cuerpos indígenas, relacionados al trabajo y la explotación[2], de acumulación originaria, en tanto despojo de tierras para intereses no comunitarios, sino más bien capitalistas, y la represión a toda concepción del mundo no católico. A partir de lo anterior, podemos sostener que a contrapelo de lo que se plantea en relación a la violencia desatada por grupos indígenas en la historia reciente del continente en general y de Chile en particular, no es una condición en sí misma de estos pueblos, sino más bien de “autodefensa” de su historia, cultura y territorio, la reconstrucción y construcción de su autonomía como pueblo frente a las respuestas de los Estados – nación que en su historicidad e institucionalidad, son de carácter racistas, patriarcales y funcionales al capitalismo como sistema, pues la incorporación de América Latina a la economía – mundo, fue a partir del despojo y la violencia hacia los pueblos, conocida es la historia de “pacificación de la araucanía” en lo que hoy se denomina Chile o la “campaña del desierto” en la Patagonia Argentina.

Dicho esto, podemos sostener que la historia reciente de los pueblos en América Latina, son resultado de un proceso histórico de larga data, fundamentalmente de perpetuación de una relación antagónica con la institucionalidad de sus países, así como de intentos por reconstruir su mundo, en tanto sociedad, relaciones sociales, formas de economía y representación política propia. Si indagamos un poco más fino, nos encontramos, a partir de la década de los 80’, específicamente a finales de una década, con proceso que historiográficamente y sociológicamente se denominan como de “reemergencia indígena”, pues en plena crisis de un sistema – mundo marcado por su bipolaridad, en tanto guerra fría y lucha entre dos polos como la desaparecida URSS y EE:UU.

En  América Latina, la década de los 80 tendrá como escenario algunas expresiones de resistencia en dicho proceso, el caso de Venezuela con el “Carazo” es un ejemplo de diversos sectores que se resisten a la campaña privatizadora de los gobiernos de turno, o el caso de Ecuador en la década del 90’, donde se sucedieron 8 presidentes que no logran terminar sus mandatos, iniciando “un potente levantamiento indígena, en el mes de junio, comandado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) provocando un temblor político y social y colocó  a los indígenas en el centro del escenario ecuatoriano. En adelante serán la fuerza con la que será necesario negociar o confrontar, pero ya no volverán a ser un actor secundario o sumergido”[3]en el olvido, de hecho, en el año 1994, consolidan su proyecto político[4] comunitario y no neoliberal, donde ya se plantea el avance hacia una Asamblea constituyente, integrando la plurinacionalidad del Estado ecuatoriano y la revalorización de su cultura, en todas sus dimensiones.

Por su parte, en Bolivia surge el Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK) expresión político – militar de un largo proceso organizativo de las comunidades indígenas, en centrales sindicales campesinas y políticas,  los cuales se articulan en 1986, ocupando el nombre de uno de los líderes de levantamiento indígena a finales del siglo XVIII en el Alto del Perú, dentro de sus principales “líderes” se encuentra Felipe Quispe (opositor del gobierno de Evo Morales y quien plantea la reconstrucción de una sociedad “indianista”) y el ex vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, acusado de ser uno de los líderes intelectuales de dicha organización, lo cual le costó la prisión política durante los 90, junto a la intelectual mexicana Raquel Gutiérrez, el proceso del EGTK terminó constituyéndose en una corriente al interior de las organizaciones indígenas, denominándose como “Katarismo”, instalando la doble opresión de los aymaras, una en un sentido de clase y otra en un sentido étnico, el cual en el tiempo, construiría el Movimiento Indígena Pachakuti.

Por otra parte, en México también se inicia un proceso emergente al interior de comunidades indígenas, en la zona de Chiapas, el cual fue silencioso durante la década de los 80’, inaugurando un proceso de acumulación de fuerza política, social y militar, que saldría a la luz pública el año 1994, un grupo de indígenas en armas intenta ocupar siete municipios, justo cuando se gestaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entre Canadá, Estados Unidos y México, denunciando las consecuencias de las políticas neoliberales y el olvido de los pueblos indígenas de la modernidad capitalista en México.

A partir de esto, se va construyendo el proyecto político zapatista, el cual en el presente  se constituye en los municipios autónomos rebeldes, los caracoles, la ley de las mujeres zapatistas, y diversas formas de organización de un poder propio y autónomo del Estado mexicano, pues el zapatismo en la década del 90 fue una luz para diversos actores políticos del movimiento social latinoamericano y mundial, permitiendo reordenar a la izquierda en su conjunto, y dar alternativas, lo interesante es que se da por fuera del relato oficial de la modernidad y por fuera de la geografía dominante, haciendo de América Latina el espacio territorial donde se vivirán el centro de las luchas políticas en este nuevo ciclo histórico, algo que tienen en común los diversos movimientos indígenas.

En Chile, desde la llegada de los españoles al territorio, el pueblo mapuche ha vivido en carne propia la usurpación, la violencia contra su gente, contra su tierra y  sus elementos ancestrales. Sin embargo, aún en la actualidad este pueblo y su cultura resisten, se les ha usurpado territorio para ser traspasado a las grandes empresas, se les han desaparecido y asesinado comuneros, se les ha impuesto la cultura chilena, y pese a todo aquello, es un pueblo que se mantiene en pie, firme en la defensa de Wallmapu[5].

Esta resistencia es la que ha permitido que el pueblo Mapuche sea de los pocos en América del Sur en tener soberanía y control sobre su territorio o parte de él. Resistirse a la invasión del estado chileno les ha significado una brutal represión y violencia contra su gente, el Estado ha provocado la devastación de parte de Wallmapu en manos de empresas forestales, las que han arrasado sin consideración alguna ese territorio que no pertenece ni a ellos ni al Estado, sino al pueblo mapuche.

Pero, ¿Qué es lo que ha permitido que en este periodo el pueblo mapuche siga resistiendo en Wallmapu?  la respuesta es clara, tanto la cosmovisión mapuche como su cultura continúan siendo reivindicadas por su pueblo, es la vinculación con su territorio, con la ÑukeMapu[6]lo que hace que esta resistencia se desarrolle aún después de siglos de intentos fallidos por vulnerar su espiritualidad. Este eje de espiritualidad desarrollado por la población Mapuche es lo que permite a sus habitantes enfrentarse al Estado y las forestales para llevar a cabo la defensa y recuperación de su territorio, utilizando la violencia y política como herramienta de lucha para hacer frente a la usurpación y devastación de sus costumbres, formas de vida, territorio y espiritualidad. “El Estado chileno o los colonos, usaron la violencia para ocupar el País Mapuche, los antiguos no tuvieron más alternativa que recurrir a la contra – violencia para defender su territorio”[7]

Este ensayo tiene por objetivo indagar en las formas de pensamiento y acciones de resistencia que ha desarrollado el pueblo Mapuche,  a partir de algunos hitos relevantes que han marcado la historia de autodefensa de su territorio mediante la utilización de la violencia política como herramienta de lucha.

Reorganización de movimientos indígenas mapuche

Durante la dictadura de Augusto Pinochet, una de las organizaciones que hará converger a diversos sectores mapuche será AD – MAPU, organización que si bien se plantea desde el mundo indígena, será de alguna u otra forma conducido por militantes de partidos políticos de izquierda (fundamentalmente el Partido Comunista y el Partido Socialista) tradicional, como también de la izquierda “revolucionaria” como el FPMR[8] y sectores del MIR[9], los cuales centrarán el quehacer de la organización a partir de la táctica y estrategia desarrollada por dichos partidos, situación que dará pie al pueblo mapuche organizado a desarrollar una fuerte discusión en torno a la lucha y el proyecto político autonómico.

En relación a lo anterior, es que a finales de 1989, se da inicio a lo que sería la conmemoración de los 500 años de resistencia, hito que marcaría la configuración del Consejo de Todas las Tierras (AukiñWallmapuNgulam) organización que intentaba articular a mapuche de Argentina y Chile, con el liderazgo de AukanHuilcaman, teniendo como objetivo la creación de un Estado mapuche y un discurso antipartidista. Realizan algunas acciones como embriones de lo que más adelante se denominaría “control territorial”, sin la radicalidad que hasta el presente los caracteriza. Sin embargo, un elemento fundamental en la conformación del Consejo, fue la creación de una organización propiamente Mapuche, para sectores mapuche más radicalizados, si bien el Consejo marcó un hito en la historia organizacional mapuche, sus acciones “promovieron la generación de presiones efímeras con el fin de resolver los conflictos por la vía institucional  sin desestabilizar los intereses del Estado y el capital”[10], ubicándolos dentro de un plano aún de “subordinación” a las políticas del Estado – nación chileno.

Seguirán un conjunto de vivencias, prácticas, espacios organizativos, etc., que darán forma a una corriente de pensamiento y acción mapuche que tiene como principal objetivo la reconstrucción del pueblo nación, así como la constitución de proyecto político estratégico, que tenga como elemento fundamental la lucha anticapitalista, pues reconocen en el capitalismo y el Estado – nación, como dos factores y actores fundamentales en su situación de pobreza y opresión, por lo tanto, es contra ellos su lucha. Así el 1 de diciembre de 1997 se da el hito de la quema de camiones en Lumaco, pertenecientes a empresariado forestal, marcando un camino estratégico, donde la violencia política será legitimada al interior de las comunidades, lo cual tendrá como consecuencia la prisión política y el asesinato[11] de peñis y lamngenes, pero también la construcción de proyecto político autónomo mapuche[12].

“La acción de Lumaco marcó un antes y un después en el ciclo actual de lucha.Así ha sido y así debe ser el bregar de los mapuche, marcado por puntos de quiebre. De ahí en adelante, la CAM se comprometería con todas las accionesnacidas desde las propias comunidades, no desde eventuales agentes externos.Vendría entonces una sucesión de hechos que el Estado descontextualizó y codificó como delitos. Sentó así las bases de la criminalización y la posterior militarización de las zonas en conflicto. (Coordinadora AraucoMalleco, 2019)

            A partir del hito de la quema de camiones en Lumaco es que se dan los primeros atisbos de un alzamiento de comunidades mapuche, donde la Coordinadora Arauco Malleco tomará un rol articulador de las comunidades al sur del Biobío y desarrollará un proyecto político autonomista y revolucionario con el objetivo de  hacer frente a la usurpación territorial y explotación de Wallmapu, incorporando la violencia política y autodefensa como herramienta de lucha dentro de su proyecto politico – estratégico.[13]

            Dentro de los principales planteamientos de la CAM, y desarrollado a partir de este periodo, está la recuperación de tierras por parte de las comunidades, donde se logra establecer un avance en materia de autonomía del territorio, se plantea así el control territorial de las comunidades y terrenos recuperados como una forma que representa la resistencia a la invasión del proyecto neoliberal que el Estado chileno busca consolidar con el traspaso de tierra a las empresas forestales, de esta forma es que la recuperación territorial se vuelve una de las primeras expresiones de lucha del pueblo mapuche que potenciará la participación y organización de comunidades en resistencia, donde la reproducción de la cultura mapuche será también uno de los ejes más implementados dentro del control territorial.

            El Estado chileno, sin embargo, no se quedaría de brazos cruzados con el avance de los mapuche por las zonas del sur, como es característico de lo violento de este modelo, la violencia por parte del estado se hizo presente, se inició un proceso de militarización y ocupación de la araucanía, ya no bastaba con la presencia de carabineros resguardando las forestales, el Estado comienza poco a poco a sitiar las comunidades, a reprimirlas y a invadir los territorios recuperados con una brutal fuerza represiva que pasaba por encima de cualquier protocolo de uso de fuerza establecido. Así, no deja otra alternativa a las comunidades que la autodefensa, desde donde se plantea una disputa hegemónica contra el estado y sus sistemas represivos, y que se plantea como un enfrentamiento directo entre comuneros y fuerzas represivas, lo que significó el encarcelamiento, violencia y asesinato a comuneros mapuche en manos de aparatos del estado.

            Un nuevo hito a considerar es, precisamente la conformación de lo que Héctor Llaitul llamó el Estado policial, a partir del año 2002, donde  se estaba consolidando la resistencia y autodefensa de los mapuche. Se genera entonces, por orden del Estado, la excesiva presencia policial en la zona, a la que también se suman con su personal “militarizado” las empresas forestales buscando frenar la recuperación de las tierras por parte de las comunidades, y parar también los “ataques” contra sus maquinarias. “Militarización, declaratoria de estado de sitio, persecución selectiva, infiltración profesionalizada, campañas orientadas a dividirnos. He visto  en estos años un enorme despliegue de equipamiento, que incluye pilotos aéreos de las forestales, policías privadas, además de la presencia de Carabineros”[14]

            Esta excesiva presencia policial en la zona produjo también una excesiva represión y persecución a los comuneros y sus familias, lo que implicó una baja en el movimiento de recuperación, algunos optaron por la vía de la clandestinidad, otros por la retirada momentánea para una reestructuración de las formas de lucha. Sin embargo, esta retirada no implicaba una rendición, sino un rearme estratégico de la autodefensa del territrio, lo que trajo consigo una resignificación de las formas de lucha implementadas por el pueblo, algunos optaron por la intelectualidad, y de esta forma visibilizar desde su trinchera de lucha la acción defensiva del pueblo mapuche.

            Pese a esta retirada estratégica o disminución del accionar autodefensivo de las comunidades mapuche, lo que no disminuyó fueron los ataques violentos a comunidades por parte de aparatos del Estado, las persecuciones, hostigamientos y encarcelamiento a comuneros. Dentro de las últimas medidas implementadas por el Estado policial está la conformación del llamado Comando Jungla, la unidad de operaciones militares especiales militares impulsada por el gobierno de Sebastián Piñera,  que se hizo presente en el territorio mapuche y sus alrededores a partir de agosto de 2018, responsable esa misma fecha del asesinato del weichafe Camilo Catrillanca, y que puso en tela de juicio el actuar represivo que históricamente ha tenido el Estado chileno en el territorio mapuche.

            El asesinato de Catrillanca, además de tener repercusiones en el Estado, significó una revalorización de la violencia política como herramienta de autodefensa, y significó también el reconocimiento de la población chilena de la represión que durante años había vivido el pueblo mapuche en el sur de Chile, y que había logrado ser silenciado por los medios de comunicación a través del desvío de atención o la calificación de “incidentes aislados” al sur del territorio. El asesinato a sangre fría del Weychafe, y las múltiples evidencias y registros que hay de ello, significó que por todo el país se levantasen manifestaciones en solidaridad con el pueblo mapuche, lo que configuró un reconocimiento y respeto por su autonomía, cultura y ancestralidad.

 

            Hoy, la violencia política está validada en el territorio mapuche, la recuperaciones y control territorial están en avanzada, y esta vez, sumado a lo ocurrido desde octubre de 2019, tiene un respaldo en la opinión pública de la población chilena como también a nivel internacional. La autodefensa de wallmapu se justifica como una forma legítima de recuperar los territorios usurpados por las forestales y el Estado chileno.

          Como vimos, el movimiento indígena en América Latina en general y en Chile en particular, fue dotando a los movimientos sociales latinoamericanos de nuevos aires y formatos de lucha que comienza a dar pie a la posibilidad de construir otras sociedades, donde la identidad y la relación armónica por la naturaleza serán piezas angulares en la configuración de estas, donde se reconocerán resistencias a los procesos de consolidación capitalista neoliberal que serán acompañadas de formas de lucha donde la violencia tendrá un lugar preponderante, como expresión por otros medios de la lucha política, cuando los caminos institucionales están vencidos o son imposibilitados de resolver sus contradicciones.

“Hacemos un llamado a las comunidades a seguir resistiendo, a ejercer el verdadero control territorial, a luchar por territorio y autonomía para de esa forma caminar y avanzar dignamente por el camino trazado por nuestra futakechekuifi hacia la liberación nacional de nuestro pueblo”

                                                        Coordinadora Arauco Malleco, comunicado público 2019.


[1] Concepto trabajado por José Martí, a partir de la resignificación de nuestra historia, identidad, geografía y soberanía.

[2] Como fue el sistema de encomienda o la mita.

[3]Zibechi, Raúl. “Autonomías y emancipaciones. América Latina en Movimiento. Editorial QUIMANTU, Santiago de Chile, Junio 2008.

[4] Se puede leer en:https://conaie.org/proyecto-politico/

[5] Territorio Mapuche.

[6] Madre Tierra

[7] Tito Tricot, Aukan violencia histórica chilena y resistencia Mapuche, Ceibo ediciones, 2017, p. 39

[8] El FPMR desarrollará una organización denominada MongeleiLeftratu, la cual estará inserta en algunas comunidades mapuche, donde se nutrirá su estrategia de Guerra Patriótica Nacional, objetivo que nunca pudo alcanzarse. Uno de sus militantes, HectorLLaitul, sería pronto parte de la juventud que se desarrolla políticamente y construye organización propiamente mapuche, de carácter autónomo, anticapitalista y revolucionario.

[9] Principalmente las fracciones más radicalizadas que planteaban una alianza estratégica de Pueblo Pobre chileno y Pueblo nación mapuche, en una lucha anticapitalista de largo alcance.

[10]https://kaosenlared.net/nacion-mapuche-21-anos-de-la-coordinadora-arauco-malleco-apuntes-para-una-historia-de-la-cam-desde-la-cam/

[11] Alex Lemún, Matías Catrileo, Mendoza Collío, entre otros.

[12]https://www.mapuexpress.org/2017/07/02/hector-llaitul-vocero-cam-nos-declaramos-levantar-un-proyecto-politico-eminentemente-anticapitalista/

[13] Para mayores detalles sobre el proyecto político- estratégico de la CAM consultar: CHEM KA RAKIDUAM Pensamiento y acción de la CAM, (2019), Coordinadora Arauco Malleco.

[14] Entrevista  Héctor Llaitul, Conversaciones con un weychafe en la prisión política. Octubre 2012.

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