Notas sobre la situación de las organizaciones populares en Chile (Mayo-Julio 2021)

El 18 de Octubre del 2019, marca un antes y un después en la historia de la organización del pueblo pobre y explotado en los territorios delimitados dentro de las fronteras de Chile. La revuelta popular desarrollada con altos y bajos hasta por lo menos los últimos días de Diciembre del 2019, -y sus respectivas réplicas telúricas en Junio del 2020 y Marzo y Abril del presente- nos devolvieron conceptos claves que ya no son herencia del activo político ochentero, ni de los residuos organizativos de quienes nos hemos mantenido en pie de lucha en los diversos conflictos de clase de fines del siglo y comienzos del XXI (2001, 2004, 2006, 2011, 2012, 2016, 2019-en adelante), sino que son patrimonio común de toda nuestra clase: Pueblo, Lucha y Organización son palabras que se volvieron a escuchar y conversar entre los pasajes de la población, en la olla común, en las protestas y en la calle en general. 

Ahora, seamos clarxs… Aún no hemos ganado nada. O más bien nada concreto, nada que se pueda tocar o ver plasmado concretamente como beneficioso para el conjunto de nuestra gente. 

Lo sucedido en la Revuelta Popular, representa un cambio cualitativo y cuantitativo de proporciones en lo referente a la subjetividad del pueblo, y es un caballo de batalla, que las nuevas y viejas organizaciones del pueblo sabemos que no se puede borrar con represión, cercos mediáticos o cualquier otra herramienta del patriarcado y el capital para impedir que por lo menos los cimientos del modelo se resientan. La consciencia de la lucha y la organización como medios para conseguir nuestros objetivos, son una ganada concreta que no debe ser desmerecida por ningún sector que pretenda la transformación radical de este mundo para concebir un “otro mundo”, -como dicen en la selva lacandona-.

I. Salgamos al escenario

Desde lo anterior, es que reconocemos un acumulado político-organizativo que ha ido decantando lentamente en las organizaciones que hoy podemos distinguir como centrales en el panorama popular, dado que nuestro pueblo y sus sectores más avanzados se concientizan, se movilizan, se organizan, se forman y se piensan. 

De lo anterior, podemos reconocer dos proyectos de lucha que sobresalen desde abajo y a la izquierda, dos tácticas de desarrollo en la disputa del poder, pero también en la forma de reconstrucción de movimiento popular (o de movimiento social, según prefieran). No es nuestra misión cuestionar estas alternativas, sino más bien preguntarnos: ¿en qué están?, ¿en qué se contradicen?, ¿en que confluyen?, ¿en qué se parecen? ¿y cómo creen que guiarán el camino de la victoria popular respecto de las correlaciones de fuerzas existentes? Lo que en palabras más simples sería algo así como: ¿qué alternativa proponen para que nuestro pueblo esté en términos sencillos, mejor que antes?. Nuestras interrogantes, sólo pretenden empezar a dilucidar de alguna manera y desde nuestro punto de vista en clave antipatriarcal, popular, antiracista y antifascista. Una especie de “pa donde va la micro” con las organizaciones populares y cómo “la hacemos más corta” para alcanzar una vida buena, por eso es que hace falta conocer un poco de sus proyectos y trayectorias. 

Por un lado tenemos a un sector que agrupa a diversas fuerzas que han optado por “institucionalizar” su política, volcando gran parte de sus esfuerzos organizativos en encontrar espacios dentro de las instituciones vigentes y propias de la democracia institucional (liberal, burguesa o como le quieran llamar), muchas de estas, las que el mismo modelo les ha asignado marginalmente a los espacios más conscientes y ubicados a la izquierda, precisamente para que ese sea su marco de acción y no otro. 

Muchas de las organizaciones postulan la tesis de “profundización de la democracia”, en función de “correr el cerco de lo posible”, pero siempre en el marco de la organización de un estado republicano, común y corriente. En este sentido podemos reconocer a ciertos sectores del pueblo organizado dentro de instituciones tradicionales del estado, y que han venido disputando representación y figuración en estos espacios desde hace por lo menos 30 años. Claro ejemplo de lo anterior son las federaciones universitarias, los colegios profesionales (como el Colegio de Profesores o el Colegio Médico por ejemplo), algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) que han servido para captar fondos del estado e incluso algunas que han obtenido posiciones menores dentro del organigrama gubernamental de los gobiernos de la concertación, pero de ubicación táctica respecto de los intereses electorales de ciertos sectores que más adelante mencionamos (como los ministerios de la Mujer y de Desarrollo Social por parte del PC y de la incorporación de militantes RD al ministerio de Educación, ambos en el segundo gobierno de Bachellet).

Aquí, podemos agrupar a partidos tradicionales en la política institucional desde los 90’ en adelante, como el Partido Comunista de Chile (PCCh) y sectores disidentes y con escasa o relativa base social del Partido Socialista (PS); a los referentes masivos (hasta cierto punto de la historia reciente) ubicados en el sector estudiantil del Frente Amplio y organizaciones afines; y más recientemente, a organizaciones de nuevo tipo agrupadas en torno a un sector de las mujeres (Coordinadora Feminista 8M, Coordinadora Ni una Menos, entre otras), pensiones (No+AFP), el conflicto socioambiental (Movimiento por el Agua y los Territorios MAT, el Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente MODATIMA, entre otros), la crisis habitacional y del movimiento de pobladores como el movimiento UKAMAU. 

A la vía de la democracia institucional, se sumaron incluso hasta partidos como el PTR (Partido de los Trabajadores Revolucionarios, de tendencia trotskista) y el PC AP (Partido Comunista-Acción Proletaria, de tendencia estalinista), que pese a sus bajísimo resultados electorales -en relación a las maquinarias gigantes que suponen los grandes conglomerados electorales a los que se enfrentaron-, a sus escasas posibilidades de conseguir representación con los niveles de inserción que cuentan en el mundo social y a que son históricos adversarios en distintos espacios de disputa que antes mencionamos, llegan a la misma conclusión: levantar candidatas y candidatos “del pueblo” para disputar la institucionalidad. 

Más recientemente, una nueva fuerza política viene adentrándose en la política institucional. Comparte la misma tesis con las antes mencionadas, pero a diferencia de la gran mayoría (aunque no todas), tiene un alto componente de clase, si es que no es absoluto. Nos referimos a las iniciativas levantadas por el Movimiento por el Agua y los Territorios, que no sólo obtuvo importantes logros electorales como la gobernación obtenida en la quinta región, sino que no se ha diluido orgánicamente en esta empresa, al contrario, ha mantenido su inserción y trabajo territorial intactos, para desde ahí utilizar la herramienta institucional a su alcance. De la misma manera, el movimiento Comuna Popular, logró la alcaldía de Pudahuel con el ex-concejal Ítalo Bravo, quien en conjunto con el Partido Igualdad lograron además elegir 2 concejalías, que vienen a consagrar lo hecho por el profesor en el periodo municipal recién pasado levantando un modelo de “municipalidad popular” que tenemos que ver aún cómo va desarrollándose. 

En la vereda de enfrente (pero dentro de la misma cuadra del barrio),encontramos a una alternativa popular autónoma de las instituciones. Una propuesta que alberga dentro de sí a variadas organizaciones que podríamos agrupar dentro de la tesis de la independencia del estado, del desarrollo de una fuerza por fuera de sus instituciones, aunque sin necesidad de negarlas per sé (pese a que muchas podrían hacerlo). 

En este caminar nos hemos ido encontrando diversas organizaciones de mujeres, medios de comunicación, talleres de educación popular, centros comunitarios, comités de vivienda, escuelas de formación política, brigadas de propaganda y colectivos políticos en la universidad, el liceo, espacios de trabajo y otros sectores en que se organiza naturalmente el pueblo.

 

II. Actores y actrices 

En este sentido destacan naturalmente algunos sectores que Rafael Agacino y otrxs intelectuales populares, definen como “franjas de avanzada”. O sea espacios de organización popular con ideas y acciones que desde su creación hasta ahora, no solo se han mantenido funcionando, sino que han expandido su política y en perspectiva son embriones de poder, que en nuestra historia reciente no habíamos conocido. 

Ahora, una cosa son las organizaciones que en la actualidad han ido creciendo y han podido mantenerse en el tiempo proyectando su política a nivel nacional, como por ejemplo las Asambleas Territoriales, las diversas iniciativas por la liberación de las y los presos de la revuelta, entre otras. Pero una cosa muy distinta, han sido las diversas y ricas experiencias que han ido naciendo desde la revuelta, e incluso desde antes de ella, y que contienen un elemento distinguible y que les aporta aún mayor capacidad de trascendencia: la prefiguración de la nueva sociedad, a la vez que se lucha contra la vieja neoliberal y patriarcal.

Así, organizaciones como las Asambleas Territoriales se han erigido como uno entre tantos referentes de los principales sectores de avanzada en la lucha frontal contra el capital y el patriarcado, reafirmando la importancia de quienes veníamos hace años (algunos incluso décadas), militando en las poblaciones y desarrollando trabajos territoriales, puesto que pudimos ver en el momento correcto, que era un lugar estratégico, una retaguardia fundamental que permitiría al pueblo organizarse en función de las nuevas lógicas del capitalismo salvaje que nos toca vivir hoy. 

Por otro lado, no podemos dejar de mencionar a las compañeras mujeres trabajadoras, jóvenes y a las disidencias sexuales organizadas en las distintas iniciativas que se han ido levantando y que hoy se sitúan en una situación de visibilidad que nunca antes habían tenido (sin exagerar, podríamos decir que el movimiento feminista, es el movimiento de masas más grande y transversal que ha visto la sociedad chilena en los últimos 30 años), pero que además encuentra un clímax de movilización popular que ninguna otra reivindicación social había logrado (lo que es fácil de ejemplificar con la famosa marcha de los 2 millones de mujeres y disidencias sólo en Santiago y las millones más que marcharon por todo Chile en el 8M del 2020). Cientos (quizá miles) de colectivas, círculos de mujeres y coordinadoras han ido creciendo y multiplicándose, pero además fortaleciéndose en los últimos años, instalando de a poco un proyecto feminista de clase, con profundas raíces en el trabajo territorial (como la agrupación de Mujeres de la Boca Sur), en el trabajo productivo autogestionado (como por ejemplo la Amasandería Floreciendo en Tribu y la Amasandería Popular de Mujeres de Chorrillos en la Vta región) y en las iniciativas de abortos seguros y acompañados por solidarias compañeras junto a mujeres y jóvenes populares (como Con las Amigas y en la casa). 

Así como el movimiento feminista ha ido “prefigurando” una sociedad nueva -como dice Miguel Mazzeo-, construyendo desde hoy las condiciones para relacionarnos de manera amorosa, fraterna, solidaria (no patriarcal) entre nuestros pueblos, también han ido emergiendo otras organizaciones de nuevo tipo, que destacamos primero por sus perspectivas de construir hoy, las bases de un mundo no capitalista y tampoco neoliberal (dada su propuesta política), y segundo, por su notoria expansión y crecimiento acelerado. Nos referimos a los distintos trabajos y unidades de producción que han ido desarrollándose a lo largo y ancho de todo el territorio. Al alero de asambleas territoriales (como los comedores solidarios y las ollas comunes) o como organizaciones con vida propia dentro del territorio, las organizaciones de la economía popular suponen un virus contagioso, que ha ido esparciéndose a distintos sectores de nuestro pueblo, producto principalmente de una de sus principales fortalezas: la posibilidad de desarrollar políticamente la materialidad de la vida, por ejemplo la alimentación y el trabajo, por mencionar las más conocidas. Algunas cooperativas de trabajo (principalmente las agrupadas en la Federación TRASOL y otras de producción de alimentos agroecológicos) y organizaciones de abastecimiento popular como La Cacerola (Talca) y la Red Pueblo a Pueblo (de las regiones metropolitana y de Valparaíso), son sólo algunos ejemplos de lo anterior. 

Finalmente, se encuentra el pueblo que se moviliza y se perspectiva a organizarse en niveles cada vez mayores. Aquí se encuentran principalmente las y los jóvenes populares, estudiantes secundarias y secundarios que con entusiasmo agarraron de la mano a toda la clase trabajadora y la invitaron a rebelarse en Octubre del 2019. También reconocemos en esta franja a diversos grupos de trabajadoras y trabajadores que venían movilizándose desde el 2001 con el Mochilazo siendo estudiantes, y que hoy viven situaciones de endeudamiento y precariedad laboral propias del salvajismo neoliberal que ya no aguantan más.  

 

III. Encuentros y des-encuentros

A nuestro entender, existen a lo menos dos puntos de encuentro entre estos dos proyectos de alternativa popular:

Primero que no son alternativas dicotómicas en lo absoluto, dado que ambas buscan (o por lo menos eso afirman) la transformación de lo existente por algo radicalmente distinto, pero por medios distintos. Mientras una piensa en la posibilidad de penetrar en las instituciones del estado y en ocupar las herramientas existentes dentro de la democracia tutelada para mejorar nuestras condiciones inmediatas, otra postula la posibilidad de construir paralelamente las condiciones necesarias para asegurar nuestro bienestar (o por lo menos el de las comunidades/territorios en que trabajan).

Segundo y más importante, que ambas experiencias y entramados políticos se encontraron en la calle en el contexto de la revuelta popular, dado que ambos proyectos tienen (aunque muy distinguiblemente dependiendo del caso) un nivel de inserción en el mundo social-popular a considerar a la hora de organizarse y luchar, por lo que existe unanimidad en todas las fuerzas políticas de izquierda transformadora al decir que: ¡la calle es nuestra y no la podemos soltar! Pero esto deviene en una cuestión fundamental a la hora de pensar la victoria popular: ¿dónde convergemos todas las fuerzas transformadoras, o por lo menos las que tengan vocación de unidad para luchar? ¿cómo se coordinan mínimamente estas dos alternativas de construcción? ¿qué hace falta para “pegarnos el salto”? Estas preguntas no las podemos resolver nosotrxs, sino que son parte de los desafíos a abordar y construir en conjunto como pueblo y como clase para encontrar nuestra emancipación. 

Desde aquí es que podemos evidenciar algunas problemáticas a abordar – siempre en clave de poder popular- que transitan en diversos aspectos y que puntualizamos brevemente a continuación. 

A nivel organizativo existe un alto grado de espontaneidad, esparcimiento y descoordinación de las franjas más avanzadas de nuestro pueblo, dado que no hay un sólo movimiento que lo acoja y lo articule para luchar. En este sentido lo más cercano que hay a esta coordinación mínima es la que realizan valientemente cientos y miles de compañeras que integran la Coordinadora Feminista 8M para la conmemoración año a año del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, elevando un plan de lucha y un programa en el Encuentro Plurinacional de las y les que Luchan. 

En segundo lugar (y muy relacionado a lo primero), no podemos dejar de mencionar la falta de autocrítica y preparación de diversas organizaciones en lo que respecta a la defensa de la movilización y sus militancias, participantes, voluntaries, activistas (o como le quieran llamar). La represión y el terrorismo estatal existe en diversos grados, sí. Pero eso no puede significar que sigamos saliendo a la calle “en pelotas” a enfrentarnos a un enemigo que realmente sí es poderoso, y le sigamos gritando que cumplan el protocolo mientras grabamos a lxs compas que golpean a destajo. Debemos procurar nuevas formas de cuidarnos, de apañarnos y de organizarnos en la movilización, siempre con la necesidad de apelar a lo colectivo. La calle es nuestra, y si caemos en ella (o lxs nuestrxs lo hacen) es porque en algo estamos fallando. 

A nivel político existen diversos petitorios, diversas demandas y diversas reivindicaciones. Sin negar ninguna de ellas, no podemos no mencionar la ausencia de una síntesis política que las haga más fuertes y permita su relación, que les convoque a luchar juntas y que se pare de frente a los patrones, a los milicos prepotentes, a los machos violentos, a los jueces comprados, entre otros defensores del modelo. Algunas demandas son más económicas, otras más políticas, pero todas importantes al fin y al cabo para amplios sectores del pueblo en lucha… no es casualidad que en la revuelta viéramos carteles aludiendo a diversos conflictos, propios de la lucha contra el capital y el patriarcado.

Como ya lo hemos dicho, resolver estas cuestiones no es nuestra tarea, pero cumplimos por lo menos con dejarlas como interrogantes para resolver juntes en una instancia que nos permita discutir, reflexionar y accionar más concretamente.

 

IV. Algunos desafíos 

Hay hitos relevantes en la historia reciente de nuestro país que pueden ir dando algunas luces respectos a nuestro accionar y al cómo definir algunas de las interrogantes antes planteadas. Definitivamente uno de los hechos más importantes han sido las recientes elecciones municipales, de gobernadores y convencionales, siendo ésta última la más importante de todas dado que definiría la composición de la convención que vino a salvar al gobierno de Piñera y dar una salida “por arriba” al conflicto de clases que vivimos en 2019, pero que amplios sectores populares decidieron salir a impugnar y tratar de generar un espacio que diera voz a los sectores populares.

En términos simplistas, los resultados de estas elecciones vienen a “castigar” a los principales partidos políticos que dieron vida al régimen que protegió el legado del dictador. En este sentido, los grandes perdedores son: toda la franja derechista agrupada en “Vamos Chile” que no logró el ⅓ que requería para el poder de veto, la también derechista Democracia Cristiana que con suerte consiguió 2 constituyentes y el Partido por la Democracia, que ya no solo no sirve a sus funciones como plataforma de convergencia de diversos sectores progresistas como pretendió en sus inicios, sino que ya no le sirve a los empresarios que la utilizaron como pantalla democrática y en esta vuelta electoral, arriesga hasta su desaparición.

El supuesto triunfo se lo habría llevado la izquierda institucional que mencionamos antes, siendo la Lista del Pueblo (con más de 20 escaños), la alternativa más relacionada al mundo popular y la principal novedad en el nuevo panorama político, irrumpiendo como una nueva fuerza en la política institucional chilena. Por su parte el Frente Amplio y el Partido Comunista, junto a diversidad de organizaciones políticas y sociales que conformaron el pacto Apruebo Dignidad vinieron a sellar una tendencia electoral “hacia la izquierda”, que los medios de comunicación burgueses no tardaron en salir a dramatizar y teñir de su típico y gastado anticomunismo aludiendo al desplome de la bolsa de Santiago y las inminentes (según ellos) expropiaciones de empresas estatales.  

Hablamos de supuestos giros a la izquierda, porque eso son. No es más que un supuesto, dado que la realidad de cómo se llegará a configurar este nuevo órgano aún es difícil de augurar, dada la gran cantidad de independientes que aún se sitúan en posición de ambigüedad frente a diversos temas o que no poseen una base social-popular que les permita discutir y reflexionar más allá de sus interpretaciones individuales, incluso también es posible avizorar a diversos independientes electxs, que en su posición de “neutralidad” ya deben estar “cocinando” junto a la derecha y la concerta en que los apoyarán y en qué no. 

Por otro lado, no podemos dejar de mencionar la baja participación electoral, la cual puede ser causada por diversas razones, pero deja entrever una realidad ineludible para cualquier fuerza transformadora que esté o no orientada a incidir en el proceso en curso: votar o no votar ya no será lo más importante -y claramente para nuestro pueblo no lo es-, dado que lo que urge hoy es comer, tener trabajo y abrigo, poder salir de las deudas, entre otros elementos sustanciales de la materialidad de la vida. Si no ponemos el foco en aquella situación, corremos el riesgo de perder nuestras posibilidades de vencer “por arriba” (la convención constituyente) o “por abajo” (la movilización popular en la calle). 

El inminente proceso constitucional al que nos enfrentamos está abierto y su validez final también lo está. Por lo anterior, proponemos que la lectura de esta “derrota” de los partidos tradicionales del sistema binominal, sea leída como momentánea mientras no se cierre por completo el ciclo político que recién irá esbozando síntesis con el plebiscito de salida en 2022. También proponemos que el foco sea puesto en la consciencia, la organización y la movilización del pueblo en su conjunto, independiente de la trinchera de lucha en que se ubique quien lee esta columna, pues sin esa claridad ningún esfuerzo valdrá la pena. 

En el periodo político abierto desde el 18 de Octubre en adelante, nos enfrentamos a diversas posibilidades, y una de ellas es la posibilidad de que el bravo pueblo de Chile conquiste de una vez por todas su dignidad, si ella es por medio de un mecanismo de la democracia liberal o por medio de una alternativa de poder popular, esa será decisión de nuestra gente y sus organizaciones, de nuestra parte nos disponemos a tender puentes para comunicarnos, intercambiar experiencias y principalmente vencer.

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