La violenta cobertura televisiva durante la revuelta popular

El quiebre del consenso social que se produjo en Chile durante la revuelta popular desequilibró al sistema y, por ende, también a los medios de comunicación masivos y oficiales del país, los cuales al obedecer constantemente al poder dominante se han vuelto un eslabón más descubiertos ante el ojo público. Fueron múltiples las voces que se levantaron durante el Estallido Social denunciando el control y la manipulación mediática que ejercían estos medios ante cualquier noticia que emergiera desde la protesta callejera. No era de extrañar que al prender la tele todo lo que sucedía en las manifestaciones era criminalizado o invisibilizado. Sin embargo, como Chile había despertado estos medios burgueses inmediatamente se transformaron en un foco de indignación colectiva y las críticas negativas hacia estos aumentaron.

Las empresas comunicacionales aún no son capaces de representar a la comunidad movilizada y siguen reproducido sin escrúpulo los insípidos discursos oficialistas de la oligarquía, la cual obliga a filtrar información y manejarla de acuerdo a sus propios intereses económicos y políticos. Esto provoca la construcción de una realidad que no es precisamente la que nos afecta a la comunidad en general, ya que, en la cobertura mediática se priorizan: ciertos temas y sucesos aislados, discursos y simbologías elaboradas para criminalizar las protestas, actores políticos del sector privilegiado, especialistas y expertos con mínimo análisis crítico que responden constantemente a las peticiones del propietario del medio e ignoran los temas de urgente relevancia social. Todo esto con el objetivo de moldear finalmente las prioridades políticas de la población, o sea, influir directamente en la opinión pública.

Como consecuencia de la concentración de la propiedad de los medios se provoca un bloqueo en el principio de pluralismo y en la libertad de información como derecho social comunitario, anulando entonces el espacio para que las audiencias puedan observar, escuchar, analizar, debatir, criticar, reflexionar y construir como ser ciudadano/a. Por el contrario, lo que provoca es un espectro de clientes/as “con comportamiento alienado que responde a una mentalidad mediática, condicionada por el mercado que naturaliza en las audiencias conductas de meros consumidores” como bien dice Armand Mattelart.

Ante esto, la televisión nacional con señal abierta ha sido el medio más cuestionado y despreciado a causa de los diferentes montajes audiovisuales, contradicciones discursivas, cobertura de noticias aisladas sin relevancia en post del sensacionalismo y todo el manejo comunicacional que han utilizado para facilitar la doctrina del shock[i]. Además al replicar la línea discursiva estatal también omitió voces y hubo un déficit en la cobertura de ciertos actores populares que aportaran con una perspectiva diferente a la de los discursos oficiales, en post de poder comprender el fenómeno social que estábamos viviendo. Este pésimo tratamiento que se le dio a la información expuso a estos medios burgueses como parte de la injusticia social en Chile, ya que, al tratarse de una situación inédita en el país se debía procurar informar con la máxima responsabilidad y priorizar siempre la verdad dentro de un contexto tan delicado e importante como el de una crisis social.

 

Estrategia

José Ponce López, historiador e integrante del CLASE (Centro de Estudios de la Izquierda y la Clase Trabajadora), explica que las principales estrategias por las que optó el gobierno para desarticular y apaciguar el movimiento fueron: en primer lugar, la inmediata represión y abuso de poder policial mientras su discurso se orientaba a criminalizar la destrucción de la propiedad pública y privada utilizando la repetición de conceptos como “turbas”, “vándalos”, “delincuentes”, “violentistas”; en segundo lugar, el gobierno anunció ciertas reformas y una supuesta profundización en la agenda social como respuesta a las demandas intersectoriales; en tercer lugar, luego de ya haber optado por la teoría del cansancio hacia los grupos sociales movilizados recurrieron a un “cambio de gabinete”; en cuarto lugar, siguieron desarrollando  una serie de prácticas represivas que pretendieron restarle validación a las movilizaciones y separar los sectores sociales, poniéndolos en contra de sí mismos, en otras palabras, polarizando la protesta; para finalmente intentar volver a la normalidad con el “acuerdo por la paz”.

Esta serie de estrategias debían generar un efecto de apaciguamiento en la población y para eso necesitaban a los medios de comunicación oficiales como enlace para provocar algún cambio,tanto en la opinión pública como en el comportamiento de la ciudadanía, por esto es que al prender la tv se evidenciaba una exagerada cobertura respecto a los hechos delictuales como saqueos, incendios, destrucción de la propiedad pública y privada en los noticiarios de las cadenas nacionales de televisión, los cuales responden a hechos aislados y proporcionalmente menores en relación a las masivas protestas que sucedían simultáneamente. Todo esto respondiendo al objetivo mediático que pretendía alimentar el nerviosismo, miedo e incluso la desesperación de quienes se informaban por la televisión de señal abierta; así como, también responde al objetivo estratégico gubernamental de criminalizar a quienes se manifestaban en las calles a través de calificativos como “inadaptados” o “antisociales”.

De acuerdo a lo anterior y en la medida de que las estrategias gubernamentales adoptadas para desarticular el movimiento no produjeron el efecto deseado, el Presidente de la República Sebastián Piñera y el Ministro del Interior Andrés Chadwick  citaron a los máximos ejecutivos de los canales de televisión de señal abierta a La Moneda. Según Prensa Opal esta reunión “no fue para dar órdenes, ni para decir qué cubrir abiertamente. Sino probablemente, para comprender que todos deben unirse, en esta cruzada por normalizar el país”. De la misma manera, La Federación de Trabajadores de Canales de Televisión (FETRA) acusan esta reunión de intervencionista y antidemocrática; y el presidente de la entidad, Iván Mezzano la define como “una práctica de la dictadura que condiciona y pone en jaque la libertad de prensa”.

Evidentemente después de esta reunión la repetición del discurso y de ciertos conceptos en los canales de televisión se condijo con el tono que utilizó el gobierno tras intentar un supuesto retorno a la normalidad, con el objetivo de calmar los ánimos de protesta. Sujetado además del posterior “acuerdo por la paz” que dio paso para que una vez más mediáticamente se visualizará un retorno al consenso social, a pesar de que este acuerdo no estuvo acordado ni respondía con las demandas de los sectores populares movilizados.

Según el medio Prensa Opal en su artículo “Apaga la tele… por favor” menciona que “se trata de generar una ‘sensación país’ de que ese despertar ha sido escuchado y que por tanto, ahora se puede estar normal. Pero esa sensación, es sólo eso. Una estrategia de control social, que se articuló como salida positiva a una crisis profunda en curso, y que está tratándose con herramientas de comunicación estratégica”. Sin embargo, esta sensación “se hará real en el país, cuando exista en muchas mentes. Para esto, deben lograr instalar esa matriz de opinión a través de elementos discursivos y de marketing que lo saturen”, el objetivo era “reemplazar la idea de que ‘Chile despertó y por eso está indignado’, por la idea de que hoy todo está tranquilo, porque ese despertar ha sido escuchado”.

“La televisión, por lo tanto, tiene la capacidad para generar determinados efectos que se manifiestan en un cambio en las conductas, actitudes o formas de pensar de los individuos que conforman su audiencia”, tal como dice la politóloga, periodista y filosofa Noelle Neuman esto provoca un doble clima de opinión, porque la información que entregan los medios proporcionan una realidad que se transmiten a los individuos, pero no es un reflejo verídico de la realidad social en común sino que se trata de una realidad virtual, la cual genera una dependencia de los televidentes hacia la televisión, haciendo que estas personas descansen en un estado narcótico y confundan sus propias observaciones personales con las observaciones entregadas por el medio audiovisual. El cuál además mediante la imagen y el  sonido provoca según dice la autora “impresiones de orden emocional duraderas, pues se conservan mucho después de que los argumentos racionales se hayan escabullidos”

 

La telebasura

Sin embargo, no solo fueron deficientes los medios de comunicación en su espectro más amplio, sino que también los profesionales del medio televisivo se vieron colapsados y en constante contradicción. Sus limitadas capacidades para comprender lo que estaba ocurriendo les llevo a realizar una cobertura mediocre, condenando continuamente bajo una capa hipermoralista cada protesta. Autoproclamados jueces de la razón, los conductores y conductoras de programas de televisión, en especial de matinales, comenzaban a discutir sobre los sucesos desde sus perspectivas emocionales propias, o sea, desde sus posiciones de privilegio limitando sus capacidades para poder analizar y profundizar en los temas demandados por la ciudadanía. Lo cual acusaba la falta de profesionalismo en sus labores, ya que, si están dirigiendo un programa de televisión es porque deberían tener una ética profesional como comunicadores, y no ser solo una “cara bonita y simpática”. Sin embargo, que no tuvieran las herramientas necesarias para hablar de problemáticas sociopolíticas con responsabilidad nos evidencia una vez más de que la televisión se sujeta de estrategias comunicacionales que se explican con la teoría de la “telebasura”.

La “Federación Ibérica de Asociaciones de Telespectadores y Radioyentes, Usuarios de      Medios de Comunicación” en 1997 firman en Madrid un “Manifiesto contra la telebasura” en el cual indican que este término da nombre a “una forma de hacer televisión caracterizada por explotar el morbo, el sensacionalismo y el escándalo como palancas de atracción de las audiencias”, enfatizando que la “telebasura” se denomina así “por los asuntos que aborda, por los personajes que exhibe y coloca en primer plano, y, sobre todo, por el enfoque distorsionado al que recurre para tratar dichos asuntos y personajes”. En la misma línea “bajo una apariencia hipócrita de preocupación y denuncia, los programas de telebasura se regodean con el sufrimiento; con la muestra más sórdida de la condición humana; con la exhibición gratuita de sentimientos y comportamientos íntimos” contando con una serie de elementos “que la convierten  en un factor de aculturización y desinformación, así como, en un obstáculo para el desarrollo de una opinión pública libre y fundamentada[ii].

 

Manifiesto

Tras toda esta estrategia comunicacional motivada por el gobierno de Sebastián Piñera y sostenida por los medios de comunicación oficiales del poder hegemónico, el lunes 21 de octubre se publica una declaración por estudiantes y académicos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile expresando la disconformidad y malestar “ante la cobertura y tratamiento mediático que han realizado los canales de televisión abierta respecto al momento difícil está pasando el país […] llamamos a los medios a cumplir con la exigencia ética y social que la profesión nos convoca, con un tratamiento plural y ético que no considere solamente las fuentes oficiales, sino a todas las voces. Exigimos a los medios no hacer de esto un espectáculo y estar a la altura de lo que requiere nuestra patria en el contexto […] que transgrede libertades y derechos individuales y colectivos. No es bueno para el país que todas las acciones ejercidas por las Fuerzas Armadas y Carabineros sean justificadas por periodistas y líderes de opinión en pantalla, principalmente, luego de las escenas de violencia brutal y vulneración de los derechos humanos que se están conociendo solamente a partir de una cobertura ciudadana en redes sociales, medios comunitarios e internacionales”.

En este momento la conciencia social en Chile está cambiando, hemos vuelto hablar de política y analizar al sistema en su totalidad, por tanto, es momento también para crear contrainformación y levantar desde los medios independientes una comunicación que esté a la altura de la discusión política social, y ya no desde un empresariado que subestima a la población creyéndola una masa apensante e ignorante. Por esto, apostamos por una nueva reintegración del tejido social que sea capaz de construir una nueva sociedad desde las bases intersectoriales y demandar desde allí comunicadores sociales que estén al servicio de las comunidades. No obstante, los medios masivos burgueses están aún en deuda con la verdad y con la población en general justamente por censurar la crítica y la reflexión, por ser indiferente a las voces externas al poder, por ser funcional al sistema y cómplice de la violencia sistemática estatal.

Así es entonces como en este momento los medios hegemónicos burgueses del oficialismo viven una crisis de representatividad a causa de que las audiencias ya no sustentan los múltiples montajes, mentiras y contradicciones que insisten en mostrar en vez de cubrir adecuadamente la contingencia y entregar un apoyo real a la lucha popular que hoy vivimos en Chile. Por tanto, como dijo Paul Walder en el Diario Uchile “Estas máscaras también caen junto a toda la demagogia del engaño de la larga transición”.

[i]estrategia psicopolítica que nuevamente utilizó el Estado (al igual que en dictadura) para silenciar a la población mediante la instauración del miedo generalizado, la violencia sistemática y el terrorismo de Estado.

[ii] Entre estos elementos o factores que obstaculizan el correcto ejercicio de la comunicación sociales, se destacan: a) El reduccionismo, con explicaciones simplistas de los asuntos más complejos, fácilmente comprensibles, pero parciales o interesadas; b) La demagogia, que suele presentar todas las opiniones como equivalentes por sí mismas, independientemente de los conocimientos sobre los que se sustentan o de sus fundamentos éticos. Por lo tanto, lejos de analizar en profundidad algún tema se generan opiniones personales consolidando ideas desvirtuadas; c) El desprecio por derechos fundamentales como el honor, la intimidad, el respeto, la veracidad o presunción de inocencia, cuyo incumplimiento no puede defenderse en ningún caso apelando a la libertad de expresión.

 

 

 

Links de referencia

Aldana, C. (2019). Apaga la tele, enciende la radio. Recuperado en: https://radio.uchile.cl/2019/10/21/apaga-la-tele-enciende-la-radio/

 

Aguilar Paulsen, Y. (s/f). Medios de Comunicación, poder político y alienación. Recuperado en: https://circulodeperiodistas.cl/medios-de-comunicacion-poder-politico-y-alienacion/

 

Castro Fontanella, D. (2017). Los medios de comunicación en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet. Recuperado en: http://www.contextolatinoamericano.com/site/article/los-medios-de-comunicacion-en-chile-durante-la-dictadura-de-augusto-pinochet

 

El desconcierto. (2016). Informe revela que la concentración de medios en Chile es una de las más altas de la región. Recuperado en: https://www.eldesconcierto.cl/2016/08/24/informe-revela-que-la-concentracion-de-medios-en-chile-es-una-de-las-mas-altas-de-la-region/

 

Estudiantes y académicos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. (2019). Declaración Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile ante cobertura mediática de Estado de Excepción. Recuperado en: http://www.uchile.cl/noticias/158723/declaracion-escuela-de-periodismo-de-la-universidad-de-chile

 

Federación Ibérica de Asociaciones de Telespectadores y Radioyentes, Usuarios de Medios de Comunicación. (1997). Manifiesto contra la telebasura. Recuperado en: http://www.hazteoir.org/sites/default/files/upload/MANIFIESTO%20CONTRA%20LA%20TELEBASURA.pdf

 

Ortuño, A. (2019). La política de la mentira. Recuperado en: https://elpais.com/elpais/2019/11/24/opinion/1574627684_460054.html?prod=REGCRART&o=cerrado&event=okregistro&event_log=oklogin

 

Poderopedia Chile. (s.f.). ¿Quiénes son los grandes grupos controladores de medios en Chile?. Recuperado en: https://www.mapuexpress.org/2016/02/18/quienes-son-los-grandes-grupos-controladores-de-medios-en-chile/

 

Ponce López, J. (2019). Piñera y la estrategia “concertacionista” para desarticular la revuelta social. Recuperado en: http://www.revistarosa.cl/2019/11/03/pinera-y-la-estrategia-concertacionista/

 

Prensa Opal. (2019). Apague la tele… porfavor. Recuperado en:https://prensaopal.cl/2019/10/27/apague-la-tele-por-favor/

 

Rollano, M. (2019). En Contra los medios de comunicación: el otro foco de la protesta ciudadana. Recuperado en:

https://radio.uchile.cl/2019/10/22/contra-los-medios-de-comunicacion-el-otro-foco-de-la-protesta-ciudadana/

 

Román, N. (2019). El saqueo. Recuperado en: http://www.revistarosa.cl/2019/10/21/el-saqueo/

 

Scheuch, M. (2010). María Olivia Monckeberg crítica actual concentración de medios en Chile. Recuperado en: https://radio.uchile.cl/2010/04/30/maria-olivia-monckeberg-critica-actual-concentracion-de-medios-en-chile/

 

Schwaner, L. (2019). La crisis social chilena vista por medios internacionales. Recuperado en: https://radio.uchile.cl/2019/10/19/la-crisis-social-chilena-vista-por-medios-internacionales/

 

Walder, P. (2019). La televisión, ese escaparate de las injusticias. Recuperado en:  https://radio.uchile.cl/2019/10/29/la-television-ese-escaparate-de-las-injusticias/

 

 

 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *