LA LUCHA POR LA VIDA Y NUESTRA DIGNIDAD EN LA HISTORIA REBELDE DE LAS MAYORIAS POPULARES

Movilización y acción directa

Lo que hoy denominamos la “reproducción de la materialidad de la vida” es y ha sido un continuo histórico de movilización al interior de nuestro pueblo, tan así que desde mediados del siglo XIX el movimiento popular (MP) chileno ha enfrentado diversas coyunturas donde ha debido pelear la problemática del hambre.

Ya en abril de 1888, en pleno gobierno de Balmaceda (el de la guerra civil de 1891) se inicia la “huelga de los tranvías”, donde las mutuales[1] y el Partido Democrático – PD[2] a la cabeza, convocan a manifestaciones y jornadas de protesta contra el alza de los “centavos” de tranvías, vivenciándose actos de violencia política en Santiago durante los 4 días que duró dicha movilización.

Importante es recordar que el inicio del siglo XX está marcado por la manifestación de lo que la historiografía en general denomina como “cuestión social”, fenómeno que afecta fundamentalmente a los sectores populares urbanos, teniendo como principal imagen de aquello, los conventillos y espacios de sociabilidad y sobrevivencia popular, marcados por el hambre y la pobreza material, situación que inicialmente vendría a ser negada por una oligarquía dominante, que empezaba a tener crisis ideológica y organizativa (partidos políticos que los convergían) y los modelos de país que proyectaban según gobierno de turno.

Para el pueblo pobre y trabajador chileno, la “cuestión social” no sólo vendría a ser la agudización de su situación de pobreza material, sino que con ello, también la “potencialidad” de sus procesos de politización expresados en organización y manifestaciones de lucha. No es este el espacio para hacer una revisión general histórica de las múltiples manifestaciones en que el pueblo trabajador chileno desplegó su fuerza organizativa en las calles y en la interna, en cuanto instancias de construcción política orgánica social y de Partido, lo que acá queremos intentar, es hacer un bosquejo de algunos hitos de protesta popular donde la materialidad la vida en general y en particular el hambre, se manifestó en las calles de las principales ciudades.

De esta forma, una de las manifestaciones relacionadas con la alimentación será la revuelta de la carne en Octubre de 1905, donde las mutuales, el PD y una multiplicidad de organizaciones sociales y políticas del pueblo, convergerán en lo que se denominó Congreso Social Obrero donde las principales fuerzas sociales y políticas populares tales como anarquistas, socialistas, izquierda del PD y organizaciones sociales, se darán cita para protestar contra la idea del gobierno de generar un impuesto a la internación de la carne ingresada desde Argentina, el cual venía a favorecer a la clase terraniente, ya que el precio de la carne subiría, precarizando el consumo de carne entre el pueblo trabajador. La represión hacia este movimiento, no se realizó sólo desde el Estado y sus fuerzas represivas, sino que también contó con la organización de la oligarquía y sus guardias blancas (civiles armados, tal cual chalecos amarillos de la época) debido a que la policía no tenía la capacidad de contener la fuerza del pueblo movilizado.

Junto a lo anterior, entre 1918 y 1919, ya se habría constituido la Federación Obrera de Chile (FOCH), organización que en un inicio era más bien tibia, y que tenía como principal objetivo establecer puentes de diálogo entre patrones y trabajadores, situación que comenzó a mermar y a radicalizarse bajo la hegemonía de Recabarren y en particular del Partido Obrero Socialista (POS), durante este período se realizan las denominadas “marchas del hambre”, a través de la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional, los cuales desarrollan un petitorio general al gobierno de turno, hasta la propuesta de un protecto económico y social que deseaba transformar el modelo económico liberal, hacia uno de carácter proteccionista, por la industria nacional e intereses de las mayorías populares.

La presión a través de marchas y “mitings” cargados de masividad popular, vendría a generar instancias de unidad entre los sectores populares y sus diversas vertientes político – ideológicas, junto a ello, pondría en tensión a la burguesía chilena en torno a la cuestión social, desarmado su discurso de estabilidad política, económica y social, frente a un ciclo de luchas obreras (entre 1890 a 1907) que terminaron en represión y muerte, siendo un hito la matanza de santa maría de Iquique en 1907, la cual generará un cambio en las tácticas y estrategias de las organizaciones políticas obreras y dividirá aguas entre estas, generándose algunas cooptaciones y desarmes orgánicas en su nterior, a la vez que un cambio en la institucionalidad chilena que viniera a mermar la capacidad movilizadora del pueblo organizado de la época.

El gobierno de Alessandri Palma (el león de Tarapacá), será la expresión de dicho cambio al interior de la burguesía, quien con una política populista y proyectos de reforma social, vendría a amortiguar el descontento y la protesta popular del pueblo que lucha, no es casual que el inicialmente el PCCH acompañará los primeros momentos de su gobierno.

A finales de la década del 30 se comienza instalar un nuevo modelo de desarrollo, basado en la industrialización sobre la base de un modelo de sustitución de importaciones, serán los gobiernos de los Frentes Populares (Pedro Aguirre Cerda, Antonio Ríos y Gabriel González Videla) los que mediante un modelo industrializador tendrá como frutos la creación de algunas empresas del Estado, aunque debido a la dependencia del capital y la tecnología extranjera, durante la década del 40 aquello entrará en crisis, lo que significará cesantía e inflación que finalmente complejizará la vida de los sectores populares.

Entre el 16 y 17 de agosto de 1949 se desatará la Huelga de la chaucha, durante el gobierno del traidor Gabriel González Videla, una ola de protestas por el alza de la tarifa de la locomoción, la cual dejó alrededor de 20 muertos, la expresión de la movilización de la población santiaguina será también por el encarecimiento de la vida , principalmente los servicios básicos y debido a la inflación económica de la época; algunos artículos de consumo básico se hacían más caros y difíciles de conseguir tales como el pan, la leche, la carne y el pescado, son conocidas las imágenes de la locomoción colectiva dada vueltas por las calles. La década del 50’ se iniciará con la elección de Ibáñez del campo (uno de los representantes de los militares que en otros períodos había ejercido la política a través de lo que se conoció como ruido de sables en la década del 20’), la crisis económica existente se agudiza, al igual que el sufrimiento del pueblo y su movilización, es importante establecer que durante esta época surgirá la Central Única de Trabajadores (CUT) la cual tendrá como presidente a ClotarioBlest y tendrá un contenido profundamente anticapitalista y clasista, el cual puede reconocerse en su primera declaración de principios, albergando en su interior diversas franjas del activo político al interior del campo popular (anarquistas, socialistas, comunistas, trotskistas y sectores ligados al Partido Radical), los cuales aportarán su cuota a la movilización popular, en el año 1957 las calles de Santiago y Valparaíso se expresarán movimientos de protesta por el encarecimiento de la vida, alcanzando su punto máximo los días 2 y 3 de abril, debiendo Ibáñez (al igual que Piñera durante Octubre – Diciembre del 2019) sacar militares a la calle, produciendo una masacre que aplasta al movimiento de protesta y por ende la carrera política del propio Ibáñez.

Otro momento donde la presencia del pueblo se tomará las calles y poblaciones de la patria popular, será en plena dictadura. Pinochet y sus esbirros militares y civiles habían iniciado a partir de 1975 un proceso de transformación o contrarrevolución neoliberal como llaman algunos, lo que significó la privatización de empresas, la apertura de fronteras nacionales para la importación de productos manufacturados extranjeros, la quiebra de empresas nacionales, etc., lo cual significó cesantía, agudización de la pobreza del pueblo trabajador, hambre e inseguridad para vivir de miles de familias, lo cual gatilló que el 10 de agosto de 1982 se produjera una significativa marcha con la consigna “pan, trabajo, justicia y libertad” lo cual se habría amplificado al año 83 con las primeras jornadas de protesta nacional, teniendo como principal bastión de lucha, poblaciones con una historia de lucha, siendo el 24 de marzo y el 11 de mayo la última jornada de este periodo, convocados por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), permitiendo conformar el Comando Nacional de Trabajadores el cual llamaría hasta 1987 a diversas jornadas de protesta popular.

Organización y resistencia, prefigurando lo nuevo, con autogestión y Poder Popular

La historia del movimiento popular chileno tiene como base la solidaridad de clase, es parte de su ADN. De esta manera, los embriones de organización obrera serán en base al apoyo mutuo. Es así que las primeras décadas del siglo XX, se irán desarrollando sociedades de socorros mutuos, iniciativas educativas populares de artesanos, cajas de ahorros y algunas expresiones de un naciente cooperativismo lo cual fue transitando de organizaciones de solidaridad entre populares a organismos de lucha como las sociedades de resistencia (de hegemonía anarquista), las mancomunales, las cuales si bien no eliminarán las antiguas, se irán entrelazando y potenciando, el despliegue durante este período del cooperativismo al interior de los sectores populares será significativo, fundamentalmente para abaratar costos de primera necesidad.

También al interior de las primeras tomas de terreno en Santiago (La Legua y la Victoria) durante la década del 50’, se expresará la solidaridad y la resistencia frente a la carencia de la vida, haciendo de las ollas comunes una práctica ya ancestral al interior de las comunidades populares.

Un momento importante (y de síntesis) del movimiento popular chileno, serán los 1.000 días del gobierno de Allende, proceso que se desarrolla desde el Estado (gobierno y el intento por hacer cambios utilizando la institucionalidad vigente, con la participación activa del pueblo) y desde abajo (el desarrollo del Poder Popular en fábricas, campos y poblaciones). Si bien existen una multiplicidad de formas que podríamos visualizar dentro de un plano de resistencia frente a la crisis y el asedio imperialista y la derecha chilena, una de las que más se reconocen serán las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAP) las cuales en un contexto de asedio económico y político del imperialismo y la derecha chilena hacia el proceso en curso, serán una respuesta organizada desde poblaciones como comités de racionamiento que intentaba apalear la crisis alimentaria y los suministros básicos de grupo familiar, existiendo un espacio asambleario donde el conjunto de organizaciones (territoriales, sindicales, juntas de vecinos, centros de madres, comerciantes, centros de estudiantes y clubes deportivos) se hicieron protagonista de llevar hacia adelante dicha organización para luchar contra el desabastecimiento que tanto afectaba principalmente a las familias populares.

Truncado el proceso anterior y ya en un contexto contrarrevolucionario y contrainsurgente, las medidas económicas neoliberales que daban inicio a las primeras expresiones de resistencia a la dictadura en formato de protesta social popular, venían a ser acompañadas por un conjunto de ollas comunes y los “comprando juntos”, las Bolsas de cesantes y los talleres de oficios, serían también parte importante del quehacer poblacional durante la década de los 80 fundamentalmente, el cual también será el espacio donde se reconfigurará la izquierda en su conjunto para el rearme político y organizativo para enfrentar la lucha contra la dictadura. Dentro de ese marco antidictatorial, es relevante poder visibilizar el rol que le ocupó a la resistencia armada del MIR, el Mapu – Lautaro y el FPMR, los cuales dentro de las acciones enmarcadas en sus respectivas estrategias (Guerra Popular Prolongada, Guerra Insurreccional de Masas, Política de Rebelión Popular y luego Guerra Patriótica Nacional, respectivamente) desplegarán una fuerza político – militar que intentará aportar al empobrecimiento y las necesidades populares más sentidas

En la memoria están las acciones de recuperación realizadas a los camiones súper pollo o de lácteos Soprole para las poblaciones y tomas de terreno de la época, recordamos que en pleno proceso de autonomización del FPMR con el PCCH y en el marco de la campaña “No a la perpetuación de Pinochet”, el 11 de septiembre de1987 realiza la “Operación Príncipe”, donde secuestró durante dos meses al coronel del ejército Carlos Carreño, exigiendo para su rescate la entrega de dinero y distribución a poblaciones populares de medicamentos, ropa y elementos de construcción … la población recibió productos, se apoderó y distribuyó algunos camiones que transportaban mercadería, en los campamentos Fresno y Silva Henríquez. O “la política de las cosas concretas y útiles para el pueblo” desarrollada por el MAPU Lautaro, entregando a poblaciones (llamadas bastiones por estos) fonólas para construir casas, zapatos batas para los populares y un sinfín de necesidades concretas del pueblo recuperadas a punta de barricada y accionar armado.

A partir de esta breve síntesis histórica habría que reconocer cuáles son los elementos en común en la historicidad del movimiento popular chileno y las respuestas de los dueños del poder y la riqueza frente a la lucha del pueblo pobre y trabajador.

En primera instancia, un factor determinante de la movilización popular será el sentir en carne propia y de manera cotidiana la precarización de la vida, en aspectos trascendentales como el trabajo, la alimentación, la salud y la vivienda, entre otras que permitan reproducir y proyectar la vida digna, serán gatilladores de procesos de lucha y acción directa, frente a la necesidad inmediata y urgente de defender lo poco y nada que se tiene.

Otro elemento fundamental al interior del pueblo y sus organizaciones, serán aspectos más bien valóricos como la solidaridad y el apoyo mutuo, las cuales van jalonando en procesos de organización popular, con vocación de transformación de la sociedad y constructor de una nueva realidad.

Relacionada a lo anterior, será la acción directa para resolver de manera concreta sus necesidades, la cual puede canalizarse en expresiones de organicidad y proyecto histórico o manifestaciones de violencia política popular que le permitan recuperar y socializar lo que nuestros enemigos de clase, nos han negado por siglos.

Habría que preguntarse la manera en que las experiencias históricas de nuestro pueblo, sus aciertos y sus errores, nos permiten tomar e integrar a nuestra realidad (jamás como calco y copia, sino más bien como aprendizaje y creación heroica como nos dijera Mariátegui) de lucha, en función de ir pensando y proyectando un futuro mejor. Así como reconocemos elementos en común, también hay elementos que se diferencian. El sujeto social popular ha ido cambiando en el tiempo, contiene nuevas identidades y manifestaciones orgánicas, existe una franja importante del pueblo trabajador, por ejemplo, que se encuentra precarizado, sin trabajo o con trabajo informal, el cual no cuenta con una historia de organización de lucha, y en un contexto de crisis se encuentra mucho más atomizado y desorientado desde el punto de vista político y hacia dónde dirigir su fuerza, junto a ello, las luchas feministas más recientes, si bien podríamos hacer un símil con el feminismo de clase vinculado a otras luchas y en distintas décadas, hoy ha ido tensionando con mayor fuerza a la sociedad y a las organizaciones, otorgándole nuevos elementos que hasta la fecha se encuentran en discusión y elaboración.

Hoy estamos aprendiendo de lo nuevo, los procesos de transformación y de  construcción organizativa – desde una perspectiva anticapitalista y antipatriarcal- es cotidiana, elementos tan fundamentales como la alimentación, en un marco de crisis capitalista mundial, nos invitan a repensar todo de nuevo, como es que encontramos los caminos que nos hagan convergen procesos de producción, distribución y consumo bajo una perspectiva autogestiva y por el poder popular donde participemos y seamos protagonistas como pueblo, construir formar anticapitalistas y por la nueva sociedad, en el aquí y en el ahora, hacer que las luchas por mejorar la vida material y cotidiana estén articuladas con las luchas más globales y por la transformación de la sociedad en su conjunto, ya no será, quizás (lo dejamos para la discusión como pueblo) la vieja fórmula de la toma o integración al poder (para cambiarlo desde adentro) sino más bien la construcción un nuevo poder donde todas y todos seamos los actores y lo/as tejedore/as.

Por su parte, los dueños del poder y la riqueza cuentan con sus aparatos represivos, los cuales históricamente han utilizado las mismas artimañas. Violencia directa (matanzas, asesinatos dirigidos, prisión política) y/o mecanismos legales que les permiten perseguir a lo/as que luchan. La defensa de este orden injusto que favorece a unos pocos, hoy cuenta con mayores recursos tecnológicos y represivos que les permiten robustecer y amplificar su ejercicio de defender lo propio, será tarea del pueblo en su conjunto conocer más aún y construir sus defensa, en todas las dimensiones para vencer y vivir.

[1] Las mutuales y las sociedades de socorro mutuo son expresiones de organización entre trabajadoras y trabajadores, los cuales tenían como principal objetivo, la solidaridad de clase a través de la protección frente accidentes, enfermedades o muertes, así como “juntar plata”- a través de sistema de cotización, de miembros reunidos por oficio o lugar de trabajo, que les permitía cubrir gastos.

[2] Único Partido existente hasta esa época, que tenía una suerte de perspectiva de clase popular, en los marcos de la institucionalidad burguesa, es además la primera experiencia orgánica de Recabarren, el cual se radicalizaría y prontamente organizaría junto a otrxs sectores dentro y fuera del PD, el Partido Obrero Socialista, germen del Partido Comunista Chileno

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