FENÓMENOS CONSTITUYENTES EN AMERICA LATINA, VENEZUELA

Asamblea Constituyente de Venezuela año 1999

 

  -“En virtud  proceso Constituyente vivido por el pueblo chileno, hemos querido presentar a nuestros lectores un trabajo a través del cual  brindar información sobre los fenómenos políticos similares ocurridos en el continente, en este caso concretamente el vivido por nuestra nación hermana, Venezuela.

En base a una forma narrativa con particular énfasis en la contextualización de los hechos, el lector podrá reconocer  similitudes en el devenir histórico de ambos países y establecer, por si mismo, las comparaciones entre ambos fenómenos constituyentes, contando de esta manera con más elementos de juicio para reconocer  las múltiples situaciones que pueden surgir de semejantes contingencias políticas.

El proceso de Asamblea Constituyente desarrollado en Venezuela en el año 1999 y que permitió cambiar la Constitución Nacional, se consolida a partir del ascenso a la presidencia de Hugo Chávez. Sin embargo este fenómeno   tiene sus orígenes hundidos en la historia profunda de ese país hermano. En este sentido, conscientes de la necesidad de conocer los contextos históricos de cada proceso, hemos iniciado el presente trabajo con un apretado y muy resumido viaje por una parte de la historia de Venezuela, rescatando aspectos generales pero conducentes para comprender el fenómeno de la Constitución Bolivariana de 1999, la cual surge a partir de una Asamblea Nacional Constituyente.”

 

SIGLO XX, ALIENACIÓN Y NUEVOS PARADIGMAS

    El papel de nación extractivista y mono-exportadora de petróleo, que el nuevo orden capitalista mundial le otorgó a Venezuela desde la segunda década hasta finales del siglo XX, forzó a millones de campesinos pobres que vivían en condiciones neo-coloniales (80% de la población) a migrar  hacia las grandes ciudades en procura de mejores condiciones de vida, atraídos por las coloridas luces de  la vida urbana,  el consumo, que a su vez proyectaban  la ficción de  un país en “vías de desarrollo”.  Paralelamente y a la sombra de millones de petrodólares se iba consolidando una nueva oligarquía,  la cual no tardó en fusionarse con la clase política tradicional para continuar juntas con el largo proceso de explotación y acumulación capitalista.

En pocos años Venezuela vivió la traumática metamorfosis de ser un  país agro-productor, mestizo, de profundas raíces rurales, a ser una nación de obligada cultura urbana, viviente de la renta petrolera y  con un modelo de sociedad forjado a imagen y semejanza de los valores capitalistas de mercado que  imperaban en todo el continente. Esto supuso un complejo proceso de alienación y cambio de paradigmas para el pueblo en  todos los órdenes de la vida.  La población creció mayoritariamente en los márgenes de las grandes ciudades formando  gigantescos cordones de miseria y precariedad; parte del dinero  petrolero que chorreaba  de las ganancias  de  empresas transnacionales, que a su vez  usurpaban los derechos de extracción, refinación y venta, se invertía cuantitativamente en un modelo de país que  dejaba nuevamente de lado a las grandes mayorías. Esto creó una ilusión de  progreso  amparada en grandes obras de infraestructura,  el ascenso de una nueva clase media alienada y pitiyankie,  y  una fuerte, generalizada, frívola y banal cultura de consumo y  derroche.

Al mismo tiempo la clase política del momento deshojaba la margarita coludida entre  el poder y el dinero fácil, distanciándose irreversiblemente del sentir popular.

“A partir de la muerte del Libertador Simón Bolívar en 1830 y desgarrado definitivamente  su proyecto político de integración latinoamericana, Venezuela entraría en un largo y fatídico ciclo de gobiernos elitistas, caudillistas y dictatoriales, que con  pocas  excepciones se mantuvo hasta 1958, año en que finalmente  comienza a consolidarse  el modelo político de democracia representativa. Sin embargo estos años de laboriosa  consolidación democrática (finales de la década del 50) irán a coincidir con un nuevo boom petrolero, trayendo consigo   la ya referida “cultura del derroche” que a su vez irá penetrando con su carga de anti-valores todas las capas de la sociedad e infectando de manera grave la frágil   democracia que tanto había costado alcanzar.  La corrupción, el derroche, el consumo desmedido, la pérdida de ética y moral, la violencia extrema, el egoísmo, el lucro fácil, la acumulación grosera y fuga de capitales,  etc. etc. representan los virus que la nación venezolana y su joven democracia van recibiendo, asimilando y reproduciendo.

     Se puede afirmar entonces que el modelo de democracia representativa surgido en Venezuela a la luz de todos estos factores nació enfermo, portando el gen autodestructivo del capitalismo sub-desarrollado.”

    Neoliberalismo a ultranza!

Hacia mediados  de los años ochenta las fuerzas neoliberales del modelo capitalista internacional irrumpen en América Latina aprovechando la débil estabilidad  política en la mayoría de las naciones, imponiendo con soberbia sus medidas económicas y llevando a los pueblos al límite de sus posibilidades.  Venezuela no fue la excepción. La imposición de medidas privatizadoras y todo el coctel que las acompañaba, sumado  al agotamiento del sistema político,  el agrandamiento de la brecha entre ricos y pobres, el desgaste de los partidos, deuda social y frustración de  la población provocaron una fuerte explosión social, llamada el “Caracazo”. Cientos de miles de personas  tomaron las calles produciendo saqueos y motines, lo que provocó una desproporcionada y sangrienta represión  por parte del gobierno de turno (Carlos Andrés Pérez), quien valiéndose del  ejército y las policías  dejaron un saldo superior a los  tres mil muertos en la población civil, en apenas dos días de enfrentamientos (27 y 28 de febrero de 1989). Para ese entonces Venezuela era la niña consentida del imperio, el modelito a seguir, la “vitrina de cristal” de las democracias continentales…; sin embargo ese cristal fue destrozado a golpe y sangre por las masas empobrecidas en procura de justicia y dignidad.

    El “Caracazo” de 1989 estremeció la conciencia de la clase política y de la sociedad en su conjunto, instalándose un profundo  debate sobre las causas y consecuencias de tan terrible explosión social. La institucionalidad en su conjunto sintió el remesón. Un ejemplo de ello fueron las fuerzas armadas, donde un grupo de oficiales de mando medio abrazó la discusión sobre el vergonzoso papel de haber sido “asesinos de su propio pueblo”, lo que allanaría el camino a una corriente crítica, nacionalista y progresista  en el mismo seno de las FA. Pocos años más tarde, esta corriente saldría a la luz de la mano del “Teniente Coronel Hugo Chávez Frías”.

 

   Significa 1989 entonces un año de inflexión y reflexión severa para toda la sociedad; sin embargo y a pesar de algunas posturas que desgarraban vestiduras y algunas “comisiones nombradas para tratar el tema constitucional”, no pasó nada y todo siguió igual. Las medidas económicas más agresivas y odiosas para el pueblo fueron tibiamente maquilladas y “estiradas” en el tiempo para disimular su impacto; poco a poco el país fue puesto en venta y el neoliberalismo imponiendo su lógica perversa. Una vez más el pueblo pobre había derramado su sangre en procura del necesario cambio social, y una vez más la clase política coludida con el poder económico se burlaban  y responsabilizaban, a ese mismo pueblo, de ser “violentista y anarcoide”…

APARECE CHÁVEZ,  PRIMER GRITO CONSTITUYENTE…

En este contexto  llega el año 1992 y  la  irrupción militar del  4 de febrero, encabezada por el Teniente Coronel Hugo Chávez, la cual fracasa en su intento de tomar el poder y lleva a prisión a todos sus responsables. Sin embargo esta nueva crisis habría de introducir con renovadas fuerzas en la temática política nacional (entre muchas otras), la necesidad de un profundo cambio constitucional.

Los rebeldes del 4 de febrero, identificados como Movimiento Bolivariano
Revolucionario 200 (MBR-200), habían planteado en un manifiesto  la revocación del mandato de los poderes públicos, partiendo por la convocatoria de un referéndum que devolviera al pueblo su soberanía y autorizara a su vez la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, “en la cual se defina a través de una nueva Carta Magna, el modelo de sociedad hacia el cual deba enrumbarse la nación venezolana…

     Liberados en el año 2004 todos los detenidos del MBR-200,  inician un arduo camino por conquistar espacios en la arena política ahora en el mundo civil, logrando alianzas tácticas con sectores de izquierda,  centro-izquierda  e independientes,  quienes de cara a las elecciones presidenciales encontraron eco en ese  discurso que llamaba a devolver al pueblo el ejercicio de la soberanía con la convocatoria de una Constituyente originaria y radical, que desplazara la clase dirigente y creara las bases de un nuevo sistema político. El esfuerzo unitario del MBR-200, ahora llamado Movimiento Quinta República y de las distintas agrupaciones políticas convocadas bajo estos principios, dio como fruto la creación del Gran Polo Patriótico, organización que  coronó sus esfuerzos con el triunfo electoral del año 1998 y llevó a la presidencia de la república a su máximo líder, el comandante Hugo Chávez Frías.

 

LA CONVOCATORIA CONSTITUYENTE DE 1999

La contundente victoria de Hugo Chávez el 6 de diciembre de 1998 despejó el camino a la convocatoria constituyente. Chávez como candidato presidencial había jerarquizado como elemento prioritario de su campaña electoral la Asamblea Nacional Constituyente. Se tenía claro el objetivo,  sin embargo   el “cómo se haría” generaba dudas e incertidumbres, ya que la Constitución aun vigente  no contemplaba entre sus procedimientos de revisión la ANC.

Chávez resuelve el tema pendiente de la carpintería constituyente creando una comisión  denominada “Comisión Presidencial Constituyente”, con el objetivo de asesorar al primer mandatario en la elaboración del decreto y las bases comiciales de la ANC.  Los temas discutidos y resueltos fueron;

1-La naturaleza originaria de los poderes de la ANC. 2-La realización de un referéndum consultivo para que el pueblo se pronunciara sobre la convocatoria de la ANC. 3-La iniciativa constituyente la asumiría directamente el Presidente.
4-La ANC se integraría por alrededor de 100 miembros, electos por las regiones en su mayoría, junto a un número electo en una circunscripción nacional y una
representación de los pueblos indígenas. 5– El método electoral sería personalizado, descartándose así la representación proporcional de las minorías.  6. La duración de la ANC no debería exceder de 6 meses.   7– La Constitución aprobada por la ANC sería ratificada por el  pueblo  mediante referéndum.

 

EL VIEJO ESTATUS SE NIEGA A MORIR

     El debate se centraba ahora en si la ANC tendría poderes “plenipotenciarios” y el peligro de que una vez instalada asumiera el control del Estado y se impusiera  sobre los demás poderes constituidos. La obsoleta y desprestigiada institucionalidad y  sus más conspicuos representantes   veían con terror esta posibilidad, que en el fondo no significaba otra cosa que la verdadera voz del pueblo llegando a instancias de decisión con toda la energía para cambiar las reglas del juego.  La visión del Presidente Chávez ponía por delante la fuerza moral del Poder Constituyente-originario y esto entraba en contradicción con otras lecturas que intentaban desesperadamente sostener el viejo estatus acudiendo  a las más variadas interpretaciones jurídicas. Es la resistencia de un modelo obsoleto cuya institucionalidad perdió el contacto y la sintonía con el pueblo  y que no acepta perder sus privilegios y espacios de poder.

Y como ya es costumbre, cualquier elemento que las oligarquías y sus representantes políticos perciban “fuera de su lugar de conveniencia”, por pequeño que sea, entonces gritarán ¡fraude!. Las leyes, las normas, las instituciones serán auténticas en tanto le sirven a sus intereses, de lo contrario serán siempre populistas y autoritarias…No hay cabida a otras interpretaciones que nos sean las que garantizan su estatus. “Construir un nuevo Estado a partir de nuevas ideas y valores que no los representan supone para los poderosos el principio del fin.

 -“De ellos siempre ha sido la cancha y por ende siempre la han rayado, son dueños de la pelota,  los que ponen y pagan los árbitros. De tal manera a este equipo de “rotos descalzos”, que  diez minutos antes del final del partido está ganando cinco a cero, no le será fácil recibir la copa. Pero esta vez el equipo de  “rotos descalzos” tiene  casi toda la hinchada a su favor, metida en las tribunas y en los alrededores de la cancha dispuesta a lo  que sea por defender el triunfo de  su equipo… porque  es su propio triunfo”.-

REFERENDO CONSULTIVO Y ELECCIÓN CONSTITUCIONAL; GANA EL PUEBLO

     Despejados parcialmente los obstáculos señalados, el 25 de abril de ese año 1999  se realizaría el referendo consultivo, donde por una abrumadora mayoría, el pueblo votó a favor de convocar una Asamblea Constituyente. Tres meses más adelante, el 25 de julio se realizaría la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, resultando una mayoría apabullante (95%)  de los candidatos del proyecto liderado por Chávez, unidos en una coalición electoral denominada Polo Patriótico (integrada entre otros por el Movimiento V República, el MAS, el Partido Patria para Todos y el Partido Comunista de Venezuela), y respaldada por una estrategia electoral coherente y agresiva. Los constituyentistas elegidos representaron lo más granado del mundo intelectual, científico, artístico y demás áreas del quehacer humano, comprometidos con su nación y en sintonía con el pueblo que los eligió

Una vez Iniciadas las actividades de la ANC estas  tendrían una duración máxima de 6 meses, que abarcaría  dos grandes actos;  el primero sería todo el cuerpo de decretos y mandatos que en atribución a su carácter de Poder Originario realizaría; el segundo estaría dado por la elaboración de la nueva Constitución. En consecuencia, la ANC decretó como uno de sus primeros actos, en virtud de consideraciones de emergencia nacional, la reorganización de todos los órganos del poder público, que la autorizaban para tomar las medidas de intervención, modificación o suspensión que decidiera.

ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE  Vs. PODERES CONSTITUIDOS,

   Visiblemente la ANC se colocaba por encima de los demás poderes constituidos, lo que para muchos significaba un abuso de poder y el triunfo de las pretensiones autoritarias del Presidente Chávez. Sin embargo y haciendo justicia con el análisis en su estricto contexto, eso era lo que pedía a gritos la sociedad; realizar actos de gobierno con saldos tangibles, apartándose definitivamente de esa clase política
desprestigiada que se negaba a desprenderse de sus cuestionados privilegios, para poder  enrumbar al país hacia la creación de un estado de verdadero bienestar colectivo. Era tan fuerte el sentir de la población en las calles en este sentido, tan compacto el nuevo acuerdo Constituyente, que irradiaba una fuerza enorme en todas direcciones. El pueblo se reunía espontáneamente en plazas y sitios públicos a deliberar, discutir y escuchar de todas las fuentes posibles lo que ocurría en la ANC. Los constituyentistas electos del mismísimo seno de la población representaban definitivamente lo mejor de la sociedad, así se reconocía y se les exigía con celo dar lo  mejor de sí. El ambiente era de esperanza, de alegría; el cambio estaba llegando como el pueblo lo había sentido años antes, de la mano del Comandante Chávez.

     Esta energía era percibida en las cúpulas de esa institucionalidad puesta en entredicho, la cual acertadamente pero de manera parcial “bajó la guardia” en aspectos claves como las interpretaciones jurídicas a los actos de gobierno de la ANC, lo cual se interpretó positivamente por la mayoría y permitió, en buena medida, continuar avanzando.

 ANC. PARTICIPACIÓN Y MADUREZ POLÌTICA

Toda la fuerza y  empuje que el pueblo venezolano puso en  este proceso constituyente, a pesar de la falta de conocimientos técnicos y las zancadillas de la oligarquía,  se tradujo en una fenomenal experiencia de participación  colectiva que permitió comenzar el nuevo período de gobierno con un entusiasta acompañamiento popular. Se había conquistado una verdadera epopeya: el pueblo con sus poderes originarios logró cambiar el texto fundamental de la república en medio de una profunda crisis política, económica y moral. La sociedad en su conjunto se encontraba estremecida; se estaba iniciando un cambio real, objetivo,  representado en las nuevas ideas plasmadas en el texto y en la ejecución de atrevidas medidas de claro corte popular; también el cambio se veía en el plano de las subjetividades, que daban cuenta de  la autenticidad que tiene la política cuando se abre a la participación real de la población y entra en sintonía con las necesidades; la existencia toma otro matiz cuando se ve rodeada de esperanza, hay un entusiasmo contagioso difícil de precisar pero evidente en el ánimo de las personas que se traduce en asumir compromisos, retos, casi  intuitivamente a favor del cambio que se está gestando. No se trata ya de la militancia férrea ni de la claridad política e ideológica (necesaria por demás), sino de ese espíritu intuitivo del pueblo cuando se siente genuinamente representado y se descubre entre sus iguales formando parte de una fuerza poderosa y positiva. Solo así se explican semejantes niveles de sacrificio sin que en principio sean directamente recompensados, porque se entiende que esa compensación vendrá en forma de una mejor sociedad y será, esta vez, para todos y todas.

CUANDO EL INDIVIDUO ENCARNA EL PODER POPULAR

     En el caso del proceso venezolano el llamado a la creación de la Asamblea Constituyente llegó de la mano de un individuo;  auténtico, sencillo, de origen humilde como la gran mayoría del pueblo venezolano, mestizo, con un estilo  que lo apartaba de la clase política tradicional llena de poses, obesa de privilegios y sin ninguna señal de sacrificios en sus espaldas. Por el contrario el Comandante Chávez aparece en la arena política a través de una acción de fuerza, y en el panorama de la derrota fue capaz de reconocer su responsabilidad, asumir las consecuencias y no rendir sus intenciones  futuras. Esa imagen proyectada por Chávez encarnaba valores en los que el pueblo por fin se reconocía  (honestidad, sacrificio, fuerza, responsabilidad, firmeza en las ideas). Igualmente hay que sumar un discurso potente, de fuerte carácter nacionalista  que invitaba a reencontrar la esencia del ser venezolano perdida entre los avatares de una falsa modernidad. Se apoyaba en un consistente conocimiento de la historia y particularmente del ideal bolivariano que   permeaban su propuesta, basada en la recuperación moral y ética de la política sustentada en el ejemplo y pensamiento de tres  insignes próceres (Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez), llamado el “árbol de las tres raíces”.  Chávez necesitaba conectar la historia, crear un puente para traer al presente lo mejor del pasado como fórmula para recuperar la desintegrada autoestima nacional; hacían falta referentes morales, ejemplos de incuestionable sacrificio colectivo como aquellos  que en su momento “parieron” la patria. El pueblo lo entendió e hizo suya la propuesta. Eso fue, ni más ni menos, la Asamblea Constituyente de 1999, una reedición en el plano concreto y simbólico de aquellas constituciones épicas forjadas al fragor de las guerras de independencia.

CONSTITUCIÓN AUTÉNTICAMENTE DEMOCRÁTICA

 Nunca antes en la historia republicana una Constituyente había sido directamente convocada por el pueblo, construida bajo su observación  y menos aun refrendada gracias a la participación popular. La Constitución de 1999 es, sin  duda, una Constitución genuinamente democrática, gracias a la cual los ciudadanos mediante el referéndum deciden su destino colectivo como nación. La Constitución ha encarnado como símbolo en las actitudes y comportamiento de las personas. EL “librito azul”, lo porta la gente en sus bolsillos y manosea sus páginas para avalar un argumento, sea en el hogar, en la escuela, en el sitio de trabajo o en la calle. Es en este sentido una   Constitución profundamente ciudadana y democrática”-

Autores Consultados:

Iraida Vargas,

Mario Zanoja

R.Combellas

J.Castellanos.

Carlos Soto.

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