De Nueva normalidad a Retorno seguro

Por Javier Hernández 

Los intentos del Gobierno por la reactivación económica y las repercusiones que esto traerá para el pueblo

              El primero de mayo, día de lxs trabajadorxs, se desarrolló en un contexto mundial de crisis sanitaria derivada del coronavirus, situación que no permitió que la fecha fuese conmemorada por el pueblo de la misma forma como en otros años.  Sobre todo luego del estallido social del 18 de octubre del año 2019, que aseguraba esta fecha como un día especial dentro de la lucha popular por condiciones dignas para la vida. 

             Así mismo, a pesar de que en muchas ciudades y hogares se sigue cumpliendo con las medidas sanitarias de aislamiento social y cuarentena, desde el Gobierno durante las últimas semanas el mensaje que se ha querido instalar mediante los distintos medios es uno muy diferente: retomar la actividad económica y gradualmente volver a una normalidad en las distintas áreas, tanto en el trabajo como en la educación. Sin embargo, los cuestionamientos a la estrategia gubernamental acerca de retomar las actividades económicas sin dar garantías claras en ámbitos de salud, hacen que el pueblo y expertos e incluso algunos economistas miren con preocupación las posibles repercusiones que podría conllevar un retorno a la normalidad en estos momentos.

             En el discurso que dio Piñera por el día del trabajador, además de hablar de las distintas medidas que se están tomando para proteger a lxs trabajadorxs – enfatizando en el ingreso familiar de emergencia ampliamente criticado por la oposición-, también se volvió a referir al término utilizado durante estas últimas semanas de “retorno seguro”, proceso que defendió apuntando a la necesidad de normalizar la economía. Su argumento consiste en que “si todos nos quedamos acuarentenados en nuestras casas, vamos a tener una crisis social de desempleos y de quiebras que va a producir un daño gigantesco a la calidad de vida”. 

             Si bien la crisis económica es un hecho, se hace necesario poner en contexto la evolución de estos términos utilizados para poder tratar de entender las verdaderas intenciones y posibles consecuencias en los actos del Gobierno. 

“Nueva normalidad”

         A pesar del aumento de contagios en Latinoamérica, Chile es el único país que luego de adoptar algunas medidas para frenar el contagio del virus -las cuales no lograron aplanar la curva- comenzó hace un par de semanas a anunciar una serie de planificaciones para el retorno de la actividad económica y escolar. Esto trajo múltiples polémicas desde todos los sectores políticos, desde la propia derecha y el oficialismo hasta expertos en salud y algunos empresarios. De este modo, se comenzó a anunciar durante la penúltima semana de abril que lxs funcionarixs públicxs comenzarían a retomar sus puestos de trabajo de manera presencial, que lxs escolares volverían a clases y que los centros comerciales reabrirían sus puertas bajo ciertos protocolos, entre otras medidas anunciadas en el último tiempo. 

            Si bien, no se habían fijado fechas específicas, se hablaba de que este “plan retorno” debería producirse entre lo que quedaba de abril y mayo. 

            “No existe una contradicción entre proteger la salud y la vida de las personas, y proteger sus empleos, ingresos y calidad de vida, pues estos últimos también afectan la salud y la vida de nuestros compatriotas”, dijo Piñera al explicar los lineamientos de algunas de estas medidas, el domingo 19 de abril.

           La apuesta de Chile de comenzar con su plan de retorno a una “nueva normalidad” es arriesgada, así lo señalaron expertos en materia sanitaria que ven con cautela esta decisión en medio de un aumento de los casos en el país.

          Según Izkia Siches, del Colegio Médico, “es por eso que nosotros preferiríamos que todos los planes de normalización estuvieran pensados posterior a la semana 27 (última semana de junio) donde habitualmente tenemos los períodos más altos de influenza y de virus respiratorios que pueden tensionar a nuestras unidades de pacientes críticos”.

            El retorno al trabajo presencial de funcionarixs públicxs provocó una fuerte polémica en Chile durante los últimos días. Incluso la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) ha dicho, que la decisión “vulnera el derecho a la vida”, mientras que el Gobierno trató de justificar la medida asegurando que el Estado “presta servicios esenciales” como el pago de las pensiones y otras prestaciones sociales.

         La reapertura de los centros comerciales también generó rechazo, de hecho hasta el empresario Horst Paulmann, controlador del grupo Cencosud, se ha manifestado en contra expresando que “es casi imposible saber lo que pasa en cada local […] y vamos a tener tantos reclamos de clientes que están a favor o en contra, que va a ser muy difícil controlar el acceso y el funcionamiento con miles y miles de personas adentro”.

               El temor frente a la reactivación de ciertas actividades también tiene que ver con instalar una sensación de seguridad en la ciudadanía que no es pertinente para el momento, así lo plantea Izkia Siches cuando dice que “es importante concentrarse en las actividades de primera necesidad, entendiendo que tiene un impacto económico y laboral. Lamentablemente, ha habido mensajes que dan una falsa sensación de seguridad. Y hemos visto que los ciudadanos han relajado medidas de contención”.

“Retorno Seguro”

            Ante las amplias críticas que recibió el concepto de “Nueva Normalidad” que se quería instaurar desde el Gobierno, Sebastián Piñera optó en una entrevista por cambiar el concepto y utilizar el de “Retorno seguro”, el que asegura que hay que prepararse para un futuro cuando el peak de contagios haya pasado. Este concepto sigue la misma fórmula de otros términos utilizados en el pasado por Piñera, es decir, sustantivo + el concepto de  seguridad. Ejemplos tan polémicos como Aula Segura, Estadio Seguro, lo comprueban.

          El principal argumento para el retorno seguro, es la recesión económica que se prevee producto de la pandemia. Según Piñera “no podemos caer de la pandemia del coronavirus a la pandemia del desempleo. Si todos nos quedamos en nuestras casas, si Chile está funcionando a media máquina, va a ser imposible recuperar la economía […] creemos que van a empezar a producirse (los retornos) durante el mes de mayo”.

            Si bien cambió el concepto, en cuanto a los argumentos que utiliza el Gobierno estos siguen siendo los mismos. Por esto, es importante entender que el juego de palabras responde más a una estrategia comunicacional que a un verdadero entendimiento de las advertencias hechas. Ya que, la población en su totalidad se vería afectada por una vuelta a la normalidad sin los resguardos necesarios, o sea, ante un aumento de contagios cada vez más agresivo se podría poner en serio riesgo la salud de una gran cantidad de personas. 

           El argumento es preciso: proteger la economía y los recursos necesarios para cuando la crisis económica golpee fuertemente al país. Sin embargo, cabe plantear la problemática de que reactivar la economía a costa de relajar las medidas que protegen la salud de las personas significa que la clase trabajadora estaría arriesgando sus vidas mientras el conglomerado empresarial se sigue llenando los bolsillos. 

¿Economía versus Salud?

              Ante la contradicción que se plantea tanto dentro del Gobierno chileno como en otros Gobiernos de la región, principalmente en aquellos países con economías más neoliberales como Chile y Brasil, diversos economistas han salido a publicar distintas opiniones y estudios relacionados con esta supuesta dicotomía que se presenta. Dentro de ellos, se encuentra el economista argentino Claudio Katz, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de Argentina, quien plantea en uno de sus artículos más recientes titulado “La pandemia que estremece al capitalismo” un análisis del coronavirus COVID-19 y las repercusiones que éste tiene en la economía, argumentando que la crisis se venía arrastrando desde mucho antes en la economía mundial producto de distintos factores derivados del neoliberalismo como la especulación financiera y que el virus sólo llegó a propinar el empujón que faltaba para que surgiera una crisis a nivel global. 

           Aunque el análisis que realiza es importante para entender el contexto económico, un tema importante que toca en una sección de dicho artículo corresponde al negacionismo que surgió en varios países del mundo en unos inicios, principalmente aquellos gobiernos derechistas como Estados Unidos, Brasil, Inglaterra, entre otros. Este tipo de negacionismo fue avalado por algunos analistas que aceptan abiertamente que morirá mucha gente y que se debe priorizar la continuidad de la actividad económica. Otros incluso cuestionan la cuarentena y advierten que puede provocar el colapso de la producción. Sin embargo, omiten que “se puede implementar el aislamiento social mediante una drástica reorganización de la economía, como siempre ha ocurrido en las situaciones de excepción”. 

            Según Katz, “la contraposición entre economía y salud es totalmente falsa. Frente a los cataclismos naturales el funcionamiento de la actividad productiva debe adaptarse a la emergencia, instaurando reglas contrarias con el libre-mercado”, es decir, mediante mayores regulaciones a las cuales no están dispuestos muchos Gobiernos. De hecho, también afirma que “los gobiernos occidentales tuvieron a su disposición la experiencia de China y el tiempo suficiente para organizar cuarentenas y pruebas con los reactivos. Pospusieron ambas medidas para no afectar las ganancias de las empresas”. 

            Si tomamos en cuenta todos los factores expuestos acá y lo llevamos a la realidad local podemos ver que la estrategia gubernamental comenzó por el negacionismo propio de Piñera y del Ministro de Salud Jaime Mañalich al decir que se habían tomado todas las medidas necesarias desde enero de este año, para así no entregar información clara con respecto a los cuidados en salud y no declarar una cuarentena total, con el fin de salvaguardar la actividad económica empresarial e industrial. Ahora, aun cuando los casos y fallecidos aumentan se intenta retornar a la normalidad, aún teniendo como advertencia la situación de países occidentales como Italia, España y Estados Unidos ante la relajación de medidas durante los primeros meses en que la enfermedad había llegado. 

              Tal como expone Katz en su artículo y tal como lo proponen distintas organizaciones populares, cooperativas, federaciones y sindicatos de trabajadorxs, existen otras alternativas que podrían permitir lograr solventar la crisis económica que se avecina sin arriesgar la salud del pueblo. Entendiendo que seguir las medidas propuestas por el oficialismo es en definitiva golpear violentamente a la población más vulnerable del país, debido a la precariedad del sistema de salud y del sistema laboral que no garantizarán la protección de nuestro pueblo.

          Ante la insistencia del Gobierno de retomar la actividad económica sin asegurar condiciones mínimas y elaborar cuestionados e insuficientes proyectos de ley para la clase trabajadora, es que se nos hace relevante optar por las propuestas que provienen desde distintos sectores populares, de tal manera de que incluso frente al llamado al “retorno seguro” de Piñera, el pueblo pueda protegerse. Pues sólo el pueblo ayuda al pueblo, y en estos momentos de crisis que se avecinan, tanto en salud como en economía, esta frase cobra más relevancia que nunca. 

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