A propósito del plebiscito, el comandante Lavín y lo masculino.

Por Victor Manuel Moya Romero, Psicólogo. 

¿Qué es lo que nos tienta del plebiscito? ¿Cómo es que, desde un movimiento multitudinario de millones de personas en distintos territorios, terminamos nuevamente en un proceso electoral para intentar sobrellevar las necesidades de nuestras vidas?
Podríamos, en un ejercicio histórico muy importante para todxs, hacer un recorrido de nuestra historia y del como hemos enfrentado las distintas responsabilidades en lo político, ya sea a nivel de reivindicaciones, resistencias, visibilizaciones o en cualquiera que se relacione con el mundo en que estamos viviendo. Y los mas probable, es que nos encontremos con que, en la totalidad de las soluciones, siempre este por medio alguna vieja práctica de reconstrucción que nos de ilusiones respecto a los cambios que nos parecen tan obvios. Lo fue el plebiscito del 89, lo fueron en las elecciones municipales, presidenciales y en realidad, cualquier proceso que tenga que ver con la democracia, en especial las instituciones y sujetos que la constituyen.
¿Está mal ocupar los mismos recursos para los mismos problemas? Sinceramente, creo que darle juicios de valor no tiene mucho sentido, en especial porque darle la relevancia a las soluciones por sobre el ejercicio de ser responsables, me parece más preocupante que otra cosa, pero en fin. Lo que parece más relevante, es que hoy [a 60 días del plebiscito], y día donde se da inicio oficialmente a las distintas campañas respecto a este proceso, es que se comienza a visualizar y enunciar distintos elementos que, me parece son necesarios poner en algún lugar, para que nos genere por lo menos, alguna duda.
¿Qué nos evoca el plebiscito?
¿Qué se habla, cuando hablamos del plebiscito? En cierto sentido, se ha construido en torno al plebiscito, una especie de idea, un sueño en el cual, las distintas problemáticas que nos rodean parecieran por primera vez caerse, en pro de poder levantar este mundo de mejor manera. No hay que sobre interpretar a la derecha, ni aún menos considerar que son imbéciles, finalmente, que no nos guste lo que pueden llegar a decir no quiere decir que sea mentira. El plebiscito no deja de recordar directamente al 18-O, y con esto no me refiero a que nacería de, sino mas bien, que viene a disimular (no así ocultar) las distintas rabias que nos motivaron a salir a las calles, esta vez sí, con un disfraz de ciudadano civilizado, el cual cumple con todas las reglas que lo hacen un buen tipo.
Y es este recordar, este disfrazar, es lo que me parece mas interesante preguntarnos. ¿Qué nos hace pensar que el plebiscito nos salvara de este mundo? Creo que son muchas cosas en realidad, y no es que alguien nos diga que será así, porque más allá de algunos socialdemócrata que sigue creyendo en las actuales formas de orden en las que vivimos y nos dicen que el futuro es lindo con una nueva constitución, creo que nadie ha dicho explícitamente que todo se va a arreglar. Pero de todas formas lo creemos, entonces ¿De donde nace? Una ya la dije, finalmente, el plebiscito es la versión del buen ciudadano del 18-O, pero ¿Del buen ciudadano?
Pinochet, Lavín y el buen ciudadano.
Si Lavín, defensor de la dictadura cívico militar y militante UDI, hoy aparece como posible candidato presidencial, no es solamente porque sea el personaje que creo la cura para el coronavirus o quien chasqueo los dedos para salvarnos de Thanos, sino porque además, muestra que es posible cambiar, que pese a ser uno de los pinochetistas mas recalcitrantes, es posible ser un buen ciudadano.
¿Qué es un buen ciudadano? Uno responsable de su comuna, pese a que administra una de las que tiene mayores ingresos. Uno responsable por sus vecinos, pese a que la gran mayoría tiene la posibilidad de auto solventarse con sus propios sueldos y en realidad, solo necesiten cámaras de seguridad para cuando nosotrxs los pobres vamos a robar. Uno que tiene un discurso moderado, que logra representar a todos y todas, pese a que no hace mucho hablaba sobre Pinochet gritando por su humanidad.
En definitiva, un buen ciudadano es aquel que, matando aquellos que construyeron un proyecto socialista y que de alguna manera, perturbaba las formas que habían hasta ese entonces, hoy se desliga hablando de fanatismo, y auto proclamándose como socialdemócrata. ¿Es mentira? No, para nada. Así son los social demócratas, así es la izquierda institucional, pero también es así la derecha y falsa centralidad. Traicionan incluso sus ideales para poder mantener unas reglas que son más cómodas.

¿Reglas?
¿No nos parece extraño, que con ya 30 años de “democracias” y elecciones cada 4 años, las cosas en realidad nunca cambiaron? No responsabilicemos al congreso, ni a los alcaldes, y aún menos a los concejales. Son el ejemplo perfecto del buen ciudadano. Desde el militante de izquierda de posterior al plebiscito del 89 consiguió un puesto en la municipalidad, hasta el militante fascista de derecha que bueno, es fascista, todos son parte de las mismas reglas, y cuando digo que no los responsabilicemos, no quiero decir que no sean parte, porque finalmente, ellos decidieron en que lugar quedarse, y mantener un modo de intentar “ayudarnos”. Lo que intento contar, es que allí donde responsabilizamos o culpamos a figuras publicas de lo político, existe en gran medida, un nosotrxs que es parte de ellos.
Permitimos que estas cosas sucedan, seguimos creyendo en discursos reciclados, en que el votar por esos discursos son la salvación, y en especial, vemos en estas “grandes figuras”, aquello que tememos hacer; ser responsables con quien esta al lado. Porque si, ellos son bastante mas responsables que nosotrxs con nosotrxs mismos. Construyen políticas públicas, bastante nefastas, administran municipios, de una horrible manera, o simplemente, hablan con otras personas. El punto, es que lo hacen.
¿Cuál es la diferencia? o en realidad ¿Qué nos puede diferenciar de ellos? Que lo hacen de forma profundamente masculina. ¿A que me refiero con esto? Que nos muestran cómo debería ser este buen ciudadano, en que debemos ayudar cuando en realidad en nuestra responsabilidad, en que las elecciones nos van a juntar como un país nuevo. Al igual que los hombre que maltratan a sus parejas (de distintas formas, no solamente físicas), ponen la responsabilidad en una otra, diciendo explícitamente: “sé responsable de ti mismo y tus actos, sé el mejor ciudadano posible y cuídate, porque si vuelves a intentar alejarte de las reglas que yo creo más sanas, las cosas no van a salir bien”.

¿Votamos?
Es difícil. Escribo estas breves palabras principalmente porque dudo si votar o no. Y sinceramente, si preguntan, leyendo lo anterior, no dan muchas ganas de votar. Seria sentirnos profundamente masculinizados, sentirnos como un buen ciudadano y en especial, creer que hay que construir un nuevo mundo, cuando en realidad lo que queremos es este mundo.
Pero más allá del placer de ver caer la constitución de Pinochet, que nos parece más un regalo hacia nuestro viejos, viejas y viejez, que la construcción de este mundo, te invito a votar. Pero te invito a votar pensando en los asesinados y heridos del 18-O, en los asesinados por la dictadura, en los torturados y en todo aquel que a sufrido la violencia de este sistema miserable. Te invito a votar pensando que es quizás un atisbo de justicia para aquellos que vieron y vivieron en ese papel repleto de palabras, violencia de la más despiadada. Y en especial, te invito a votar pensando que quizás, sea una demostración mas de que esta democracia que nos muestran como cariñosa, en realidad es despiadada.

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