“A 48 años de la dictadura, el movimiento popular avanza”

I.- Movimiento popular y la lucha contra la opresión 

 

Como organización política y comunicacional nos situamos en una vereda que apuesta por organizarse en tiempos donde la individualidad prima, donde vemos que los medios masivos, burgueses y hegemónicos nos restriegan su agenda. Sin vergüenza nos evidencian cuáles son sus intereses, los que precisamente van en desmedro de los nuestros. 

 

Como pueblo hemos estado siempre en la vereda donde se pagan los platos rotos, somos aquelles a quienes les piden ponerse la camiseta, aquelles que deben estudiar y trabajar, o directamente trabajar de sol a sol a costa de malos sueldos, somos los que tenemos poco tiempo (si es que hay). aquelles que se endeudan por estudiar, que históricamente han tenido que ponerle el pecho a las balas – y literalmente en algunos casos-. Somos quienes viven con miedo de sus parejas porque cuando los sistemas son opresores, el sueño de les oprimides es ser opresor.

 

Esto es en parte contra lo que hemos como pueblo, como clases hemos luchado históricamente, el movimiento popular es aquel que se ha agrupado, organizado y movilizado por sus derechos y el cual también ha sido perseguido por la clase acomodada y en el poder para conservar sus privilegios de clase y de género.

 

II.- La importancia de organizarse

 

El movimiento popular representado por posturas críticas y radicales a las distintas formas de opresión, dominación y explotación a la que nos hemos visto expuestos desde el inicio de nuestra historia hasta hoy. Queremos relevar el rol que tuvo la organización para la lucha en contra de la constante represión sufrida en dictadura. Movimientos como los surgidos desde las exitosas experiencias con tomas, o el desarrollo organizaciones como la sucedida la toma 26 de Enero en conjunto con organizaciones como el MIR (quienes se desplegarían y buscarían formas de lucha que excedieran a las estrategias convencionales a partir de las institucionalidad o la búsqueda de representación dentro de un parlamento). Organizaciones como estrategia en muchos casos empuñaría las armas, así como cuidaría a sus compañeras y compañeros, cocinaría en la olla para frenar el hambre injusta y soñaría con hacer carne la revolución. Ahora bien, pese a grandes éxitos como la constitución y conquista de espacios en que las mujeres y hombres populares pueden refugiarse ante la irresponsabilidad de un Estado burgués y asesino, el movimiento popular no puede no aprender de sus errores, que en algunos casos significaron el sacrificio de nuestros hermanos, amigos, hijos y vecinos; seres queridos sometidos a atrocidades que aún hoy, 48 años después, suceden.

 

Organizaciones como el MAPU, estudiantes secundarios, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez,  el Movimiento Juvenil Lautaro, o los distintos movimientos de pobladores con ollas comunes y comprando juntos para poder lidiar no solo con la represión, sino que con el hambre y el frío en un periodo de fuerte problemas económicos, pocos derechos sociales y poca libertad de expresión, tenían un sentido revolucionario, característico de los movimientos populares desde el cual lograron generar resistencias y avances contra el Estado criminal previo y durante la dictadura, y hoy, no solo hace sentido esta forma de luchar, sino que además urge la organización de los distintos movimientos populares; que la organización sea refugio y trinchera para el mundo popular ante los constantes ataques del capitalismo y el patriarcado, más hoy luego de la revuelta del 18 de Octubre, más hoy cuando la mala gestión de una pandemia ha contado tantas muertes y tanta hambre, más hoy cuando en medio de una emergencia ecológica se continúan aprobando proyectos ecocidas, más hoy cuando a 48 años del golpe de Estado aún no se encuentran todos los cuerpos de detenidos desaparecidos y torturados y algunos pactan silencio para negarles consuelo a otro. Hoy, ante los acuerdos entre gallos y medianoche, las propuestas y mentiras de tantos dirigentes políticos que dicen luchar por el pueblo y la insuficiente respuesta de una izquierda institucional que no está a la altura del movimiento popular, no podemos dejar las calles.

 

III.- Lecciones y esperanzas

 

Como movimientos populares, el ciclo nuevo que se abrió post revuelta nos deja un escenario que debemos aprovechar, la pandemia ha hecho en parte que lo que veíamos hace un par de años dejó de ser la tónica, que lo que pedíamos en la calle nuevamente se cooptó y se pelea en lo institucional. 

 

La historia es nuestra la hacen los pueblos”  decía Allende, y como bien sintetiza es a lo que debemos aspirar en parte a acabar con la historia del capitalismo y el patriarcado, que aquellos a quienes oprime este sistema (mujeres, disidencia, niñes, pobres, indígenas y  medio ambiente principalmente) estén  en el centro, de las discusiones, que entre todes debemos organizarnos y levantar movilización para recuperar aquello que se nos quitó y a la vez construir alternativas para hacerle frente a la depredación en todos sus aspectos.

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