LXS POBRES NO TIENEN PATRIA: TIENEN HISTORIA, RESISTENCIA Y ANSIAS DE UNA NUEVA SOCIEDAD

Por: María Revueltas

 

“siempre fuimos mucho más de los que nos dijeron
y aquellos héroes que nos vendieron nunca fueron
las historia de este pueblo fue escrita en sangre
hoy rompo el silencio y vengo a enfrentarte”

(Subverso – Memoria Rebelde)

Prólogo de septiembre 18

Cuando nos contaron la historia del surgimiento de la Patria, nos hablaron de heroísmo y de “patriotas” versus “españoles o realistas”. Cuando nos enseñaron su legado histórico nacionalista post 90, aún existían resabios ideológicos, simbólicos y culturales de la dictadura pinochetista, concepción de mundo que los continuadores de su legado (incluyendo a lo/as que se vestían de progres) instalaron en la cotidianidad de la transición.

¿Cuántas “fiestas patrias” repitiendo el mismo discurso y baile? ¿De qué manera los medios masivos de comunicación y la escuela al servicio del reforzamiento y reproducción ideológica de la mitología nacionalista fueron haciendo eco de una historia que no nos pertenecía como pueblo?

 Hoy podemos decir con seguridad que jamás existió una idea previa o de proyecto político emancipatorio en el proceso que inicia un 18 septiembre de 1810 para la instalación de la Primera Junta Nacional de gobierno, sino más bien fue una oportunidad, que los sectores adinerados de la colonia encontraron en el marco de la crisis imperial de España. La invasión de Napoleón a España, significó la prisión del rey español Fernando VII y el control del poder político por parte de José Napoleón, lo cual agudizó la crisis española en las colonias, desarrollándose una especie de “vació de poder o conducción”, permitiendo establecer cabildos y juntas de gobierno, la cual, en el caso de Chile, se hizo en nombre del rey cautivo mientras en lo pronto volvía a restablecerse el poder de la monarquía, de esta forma, los primeros pasos de la independencia política de Chile con respecto a España, se hicieron esperando su vuelta al ejercicio del poder , desarrollando tendencias al interior de la aristocracia entre quienes deseaban acelerar, amortiguar o directamente detener el proceso en curso.

Dos objetivos trascendentales encontraremos en el transcurso de este, el primero, hace relación a la independencia del Rey de España, el cual poco a poco se fue definiendo de manera más clara a partir de personajes como Carrera u O ‘ higgins, y otro que deseaba transitar de un poder monárquico representado en el rey de España a uno “independiente” de carácter republicano.

Por su parte los sectores populares, al contrario de lo que comúnmente se piensa, los encontramos marginados del proceso o participando activamente de manera obligada, como carne de cañón de los sectores en conflicto, también, la historiografía chilena ha podido determinar su participación activa a favor de la corona española, el cual en el caso mapuche fue mucho más evidente, debido a los acuerdos realizados entre las partes durante el Parlamento de Quilin, donde la corona española reconoce la territorialidad y autonomía mapuche luego de una etapa de resistencia.

Lo que sí vamos encontrando en las primeras representaciones y simbolismos de los actores de la independencia, será el uso de banderas y escudo, que intentara aglutinar,  generar un sentido de pertenencia  a la población, tal es el caso de los dos mapuche estampados en el escudo de la Patria Vieja, el cual no es más que la forma que tenían los independentistas de relevar la figura mapuche luego de la denominada “Guerra de Arauco” en la resistencia contra la conquista española. Esto no significó necesariamente un acercamiento, pues existía una aristocracia con una visión negativa y despectiva hacia el pueblo mapuche, ya que, dentro de su lógica de progreso y orden civilizatorio, eran para elles la representación de lo bárbaro, lo atrasado, lo inculto. Esta contradicción existente entre el pueblo nación mapuche y el Estado chileno es antagónica desde sus inicios.

Veremos que durante el desarrollo histórico del Estado chileno, este seguirá funcionando estructuralmente desde una forma jerárquica, patriarcal, burguesa y racista, al igual que la que conformaron los conquistadores al usurpar la América.Será un reducido grupo elitista de hombres en el poder y una inmensidad de pueblo, sectores populares, en la parte de abajo de la pirámide. Esta forma desigual que aún nos acompaña, pasa por la persecución, el disciplinamiento y el castigo hacia los sectores populares y mapuche, situación que en estos tiempos de revuelta buscamos desarmar.

La patria como contradicción y la patria popular como símbolo a conquistar y construir  

¿Cómo es posible pensar la idea de patria como elemento común entre todos y todas lo/as que habitamos esta geografía, llamada, hegemónicamente Chile? Se olvida la imposición por la violencia o la instalación de Chile como patria y como república mediante la fuerza militar. Una sola religión (Católica), una sola nación (chilena) un solo proyecto de sociedad (capitalista y hoy neoliberal).

El pueblo mapuche inicialmente resistió la corona española y supo establecer una limitación fronteriza y geográfica mediante el Parlamento de Quilín, el cual claramente fue negado apenas conquistada la independencia y dar primeros pasos en la conquista territorial y económica como ingreso de esta “nueva patria” al sistema mundo capitalista.

La ocupación militar por parte del Estado chileno a fines del siglo XIX en territorio mapuche, en lo que la añeja historiografía tradicional “escondía” como “pacificación de la araucanía”, fue y es parte de un proceso de construcción política de la nación chilena como proyecto histórico y dominante de las clases dominantes, imponiendo su soberanía sobre territorio mapuche mediante el uso de la violencia y los mecanismos que la institucionalidad le entregó y entrega para ello. Rápidamente la nueva patria olvido el imaginario y los simbolismos que los supuestos “héroes” de la emancipación española habían hecho, utilizaron al mapuche como representación de la rebeldía y la fuerza militar contra la conquista española, pero ya conquistada la independencia, rápidamente no dudaron en traicionarlo.

Es complejo identificarse, más en este tiempo histórico, con este proyecto de sociedad. El pueblo pobre, los sectores oprimidxs y que habitamos un ethos colectivo de lucha y organización, indagamos en nuestra propia historicidad las marcas que nos dejan los antiguos, para construir nuestra propia identidad y proyección histórica como pueblo en lucha. De esta forma, recordamos la figura de Recabarren como una síntesis de toda una generación de luchadore/as que iniciaban la búsqueda de un proyecto histórico popular antagónico al burgués, patriarcal y racista de Estado chileno. Luis Emilio, en su labor de pedagogo popular, intelectual orgánico de la clase trabajadora de principios del siglo XX, va a determinar en su texto “Ricos y Pobres”[1] que la burguesía chilena desde el período de la independencia, va a ir configurando una sociedad donde el progreso económico estaría solo a favor de sus intereses, no así de las inmensas mayorías populares.

La idea de “República democrática” será la institucionalidad y proyecto de orden social de la nueva patria, el cual comenzará a desdibujarse con la irrupción en las grandes ciudades de los sectores populares, los conventillos y hábitat del pueblo, cargado con el problema de la miseria y la explotación, fueron también los primeros signos de organización popular.

Recabarren sostiene que desde iniciada la vida “independiente” hasta la fecha, no ha existido ninguna razón para que los sectores oprimidxs sintonicemos con el discurso de unidad nacional instalado y ocupado en diversas coyunturas de crisis de los dueños del poder y la riqueza: “La fecha gloriosa de la emancipación del pueblo no ha sonado aún. Las clases populares viven todavía esclavas, encadenadas en el orden económico, con la cadena del salario, que es su miseria; en el orden político, con la cadena del cohecho, del fraude y la intervención, que anula toda acción, toda expresión popular y en el orden social, con la cadena de su ignorancia y de sus vicios, que le anulan para ser consideradas útiles a la sociedad en que vivimos”[2].

El desarrollo histórico de la burguesía en el poder y la experiencia de los pobres organizados en diversas luchas, solo irán evidenciando una contradicción permanente entre una patria de ricos y una patria popular. La primera, hace mención a la configurada por el Estado y todo el andamiaje político, ideológico, jurídico y militar que tiene a su cargo. La segunda, aparece y se vive en la experiencia cotidiana del pueblo/a trabajador/a, en las diversas apuestas y peleas que se han dado, en el saberse parte de una clase que, en sus diversos momentos, ha sabido instalar sus reivindicaciones y tensionar a la institucionalidad burguesa. Pues ya sabemos que nada, de lo poco que hemos obtenido, ha sido gratis sino a punta de lucha frontal y sangre.

La configuración de las ciudades, por ejemplo, y la acción de tomarse un terreno para construir una vivienda, contienen la simbología de banderas flameando como significación del territorio donde llegamos y el cual vamos a defender. En pleno siglo XXI se comienzan a evidenciar nuevas banderas de otros pueblos y naciones, asumiendo nuevas identidades nuestro hábitat popular.

Los 1000 días de la Unidad Popular, sus diversas expresiones del Poder Popular y el desarrollo político de diversos sectores de nuestro pueblo, asumían consignas, formas de hacer política donde la idea de la “patria socialista” era un objetivo mancomunado por todo el pueblo: niñxs, mujeres, ancianos, trabajadorxs, pobladorxs, campesinxs, convergían en la idea de la Patria nueva y las peleas y conquistas que desde allí se darían.

El golpe de Estado del imperialismo y los que habían instalado a partir de la violencia su patria, no solo intentaron borrar de la historia nuestra experiencia histórica, sino que también nos fueron legando a través de la educación y la manipulación mediática de los medios a su disposición, de imágenes y relatos de una identidad común donde no existía conflicto antes de la experiencia popular y donde, supuestamente, existían expresiones patrióticas compartidas. Esto será retomado por los civiles que continuaron y reforzaron el proyecto económico neoliberal chileno, siguieron construyendo una subjetividad para someternos y perpetuar sus intereses y privilegios.

Durante la dictadura de Pinochet, existió un sector no menor de nuestro pueblo que resistió y combatió mediante el uso de la autodefensa como derecho legítimo frente a la violencia impune del régimen. De esta forma, al igual que el M19 colombiano en 1964, que se hizo de la espada y las espuelas de Simón Bolivar, o lxs Tupamaros, que capturan la bandera de los 33 orientales en 1969, el MIR chileno y la reciente implementación del Plan 78 u “Operación Retorno” de sus cuadros políticos en el exterior en marzo de 1980, daban a conocer a la luz pública el nacimiento de las Milicias de la Resistencia Popular. Milicias quienes mediante el “comando Javiera Carrera” hacían ingreso al Museo Histórico Nacional de Santiago para hacerse de la bandera sobre la cual O`higgins (considerado el “padre de la patria” habría jurado la independencia absoluta de Chile en 1818, luego de un proceso de lucha político–militar iniciado en Mendoza por el Ejército Libertador de los Andes contra las tropas de la reconquista española.

Esta acción se realiza en pleno centro de la capital, en los alrededores de La Moneda y el ex edificio Diego Portales (bastión en ese tiempo de la dictadura, donde se emitían los discursos de Pinochet) quebrando la seguridad del régimen e instalando un discurso y una acción de resistencia armada concreta a los esbirros del tirano.

La resistencia había creado sus propios medios de comunicación y a través de la AIR (Agencia Informativa de la Resistencia) daba a conocer las razones de dicha acción: “Que en todos los rincones de Chile se sepa que las milicias de la Resistencia Popular han recuperado de manos de la tiranía el emblema de la Independencia nacional para custodiarlo hasta el día, ya cercano, en que nuestro pueblo lo enarbolará con honra en una patria libre de opresión … Porque sobre esta bandera que los padres de la patria jugaron la Independencia de Chile, nosotros, sus hijos leales, hemos jurado combatir sin descanso hasta derrocar la dictadura y construir la democracia de los trabajadores”. Esta acción visibiliza la necesidad de combatir subjetiva y simbólicamente las representaciones de la dictadura, en su idea de proyecto país y de Pinochet como representante y continuidad histórica del “padre de la patria” representado en O`higgins y del orden en “Diego Portales”, el concepto de “Patria Libre” aparece como objetivo a alcanzar, donde la liberación a la tiranía y la construcción de lo nuevo mediante la fuerza del pueblo trabajador, son la piedra angular del objetivo a conquistar, una acción militar que tiene un objetivo fundamentalmente político.

3 años más tarde aparece mediante un apagón nacional el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quienes desde su bandera tricolor y el fusil atravesado, el concepto de “lo patriótico” y la leyenda de Manuel Rodríguez como representante popular a la resistencia a la reconquista española, venían a situarse en un antagonismo político y militar a la dictadura pinochetista, el propio Raul Pellegrin como jefe político y militar de la resistencia a la tiranía, plantearía al “rodriguismo como una concepción de un alto contenido ético y moral, enraizado en la historia de nuestra patria”, haciendo alusión a la figura de Rodríguez símbolo del proceso emancipatorio desde el interior del país en pleno período de restauración colonial y las circunstancias históricas, en que los sectores populares, estaban enfrentando al régimen: audacia, arrojo, sabiduría y acción directa.

Por su parte, el complejo partidario Mapu Lautaro en parte importante de sus discursos y símbolos, intentaban hacer un puente histórico entre la figura de la resistencia mapuche de la conquista y la necesidad de construir un “Chile Popular”, el cual se configuraba a partir de la diversidad de pueblo presente en la geografía de la resistencia. Ya en Diciembre del 84 planteaba “Chile puede y debe contar con un desarrollo como nación. Sólo el pueblo en el Poder hará realidad la patria del Pueblo”o “Nunca más capitalismo. Nunca más dependencia. Nunca más opresión y explotación. Chile socialista es el futuro luminoso que haremos realidad”[3]las masas populares insurrectas y en la conquista de un gobierno soberano, popular y revolucionario, serán las primeras declaraciones del Lautaro, “Fuera Pinochet, Chile Popular” como consigna lautarina, marca una contradicción que poco a poco y en el ascenso de la lucha popular de la resistencia, se hará manifiesta.

Las organizaciones revolucionarias de los ochenta (las cuales algunas darían continuidad a la lucha armada en los primeros años de la transición) le disputaron a la dictadura sus símbolos, para sumar a amplias capas de la población a la pelea y la necesidad y posibilidad de construir un gobierno democrático popular en transición hacia el socialismo.

La fiesta del SI y el NO amortiguó esa posibilidad y en concreto la derrotó. El imperialismo supo leer que la continuidad del neoliberalismo debía hacerse sin la bota militar, ya no era el factor de “unidad nacional”, de aquí su apoyo financiero al NO, lo que les permitió perpetuar la herencia de Pinochet, de la mano de tibios, traidores y renovados, de la mano de hombres de cuello y corbata.

Este período de derrotas de las fuerzas revolucionarias y de merma en el protagonismo popular, pasando a ser protagonistas los partidos políticos de la “oposición democrática” a Pinochet, significó la marginación y el camino abierto para la “pacificación” o represión de lo/as combatientes del FPMR, MIR, MJL.

 La continuidad de estos mediante la “Guerra Patriótica Nacional” (FPMR autónomo), la “Guerra Insurreccional de Masas” (Mapu Lautaro) y la “Guerra Popular Prolongada” (MIR) será a contrapelo del discurso unitario por la democracia, allí estaban las tareas de la Patria de la concertación, renovados y la derecha política. La guerra a muerte contra estos sectores será en base a la cárcel, la muerte y la delación compensada.

En ese sentido nos encontraremos con algunos esfuerzos orgánicos populares como el MIR Ejército Guerrillero de los Pobres – Patria Libre, y su experiencia de articulación y coordinación revolucionaria en lo que fue la Coordinadora Subversiva por una Patria Popular, de escasa duración, pero donde se desplegaron diversas acciones de sabotaje y acciones de ajusticiamiento, recuperaciones de financiamiento, etc. El FPMR autónomo y su política de “No a la impunidad”, realizando acciones de justicia popular que vendrían a evidenciar el intento de los dueños del poder y la riqueza de dejar sin justicia a las víctimas de la violencia política del Estado chileno durante la dictadura de Pinochet. La patria popular conocía de la dignidad a través de estas acciones, a la vez que eran parte de lo que sería, hasta la fecha, nuestra memoria popular.

El descontento popular desplegado en diversas coyunturas a nivel nacional de nuestra historia reciente, fueron ensayo y acumulación organizativa y de lucha para lo vivido en Octubre 2019 como momento de hito político. Pues las manifestaciones desarrolladas a lo largo y ancho del territorio, en algún momento tomaron por el cuello a Piñera y su gente. Hasta los más duros defensores del capitalismo en su versión neoliberal, buscaron restablecer el orden a través del consenso y la búsqueda un “nuevo pacto social” que sectores pequeñoburgueses al interior del Frente Amplio no dudaron en saludar, archiconocido es el momento en que Boric y Jackson, sin consultar a las bases partidarias, se saludaban junto a la derecha y el centro político para resguardar la patria, su patria, de las marejadas de pueblo descontento.

Epílogo de septiembre

¿Cuál fiesta podría existir hoy, en tiempos donde la revuelta y sus muertxs son de esta parte de la historia? ¿Qué unidad nacional podría existir, cuando una cantidad importante de hombres, mujeres y niñxs, tiene sus cuerpos mutiladxs por la violencia del Estado? ¿Qué festejarán nuestrxs presxs políticxs, encerradxs y sin contacto físico con sus diversos amores? En fin, los intentos por amortiguar la protesta popular de Octubre pasado, de la mano del Acuerdo y la próxima votación de APRUEBO y el RECHAZO, son parte del escenario que se nos viene.

Sin embargo, en lo fundamental, en lo crucial, se nos viene un año de inicio de este periodo de la lucha de clases en Chile, que claramente no se resuelve única y exclusivamente en el terreno electoral, si no que más bien, en la manera en que avancemos en torno a la necesidad de organizarnos, sobre todo para quienes sabemos que desde arriba no hay posibilidad de construir una Patria nueva para todas y todos, no hay posibilidad de crear una sociedad emancipada y revolucionaria. Confiamos en que la Patria Nueva será la fuerza de la organización que el propio pueblo vaya desarrollando al calor de la lucha y la organización de su propia reproducción material, será la construcción del Poder Popular como espacio colectivo de participación, deliberación, decisión y acción en todos los terrenos, junto con ello, la incorporación de elementos que nos permitan la defensa de lo tejido, pues en lo mínimo debemos tener la posibilidad de la autodefensa popular frente a una represión que siempre ha estado y que hoy se agudiza porque claramente los ricos nos temen, temen la posibilidad de perder sus privilegios y que este pedazo de tierra sea conquistado y proyectando en el tiempo por la clase trabajadora y el pueblo pobre en su conjunto.

Esta vez las fiestas patrias de la burguesía no tienen el show que requerían para mantenerse vivas en el sentido común popular, hoy el Ejército chileno sabe más que nunca que sus manos están manchadas de sangre – en la lógica del enemigo interno – porque solo sabe defender a sus patrones y vivir a costas de la institucionalidad que está le da como beneficio, en nombre de la patria y su defensa, en nombre de las glorias navales que no existen más que como espectáculo autocomplaciente.

Porque la independencia real está por venir, la revuelta y su resistencia callejera y territorial fue solo el ensayo inicial de la canción de la victoria, cual será popular, anticapitalista y antipatriarcal, antirracista y en armonía con los pueblos y la ñuke mapu, les dolerá, lo sentirán, y ya no habrá relato historiográfico mercachifle que les pueda cambiar el rumbo de esta Historia que comenzamos a escribir con mayúscula lxs pobres del campo y la ciudad.

 

ORGANIZÁNDONOS Y LUCHANDO AVANZAREMOS

 

[1] https://www.marxists.org/espanol/recabarren/3-ix-1910.htm

[2] Idem.

[3] Somos hijos de Lautaro, Septiembre 1984.

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